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QR pre pago
Nacionales · 4 min

El QR le gana la pulseada al banco: 117,2 millones de pagos en agosto

Por Redacción Pampa Liberal

En agosto se hicieron 117,2 millones de pagos con QR en todo el país, un salto del 67,5% interanual según el Banco Central. Mientras tanto, las tarjetas de débito y crédito perdieron operaciones y plata. La billetera del celular le está comiendo terreno al plástico de siempre, y eso tiene una lectura política.

Vos sacás el celular, escaneás un cartelito con un código y listo: pagaste. Ese gesto, que hace pocos años era una rareza reservada a los que “entendían de tecnología”, ya es la forma de pago que más crece en la Argentina.

El mecanismo se llama interoperabilidad. Cualquier billetera virtual puede pagarle a cualquier comercio, sin importar qué aplicación use cada uno. Traducido: se terminó la pelea banco contra fintech. Son dos caminos que conviven, y elegís vos cuál pisar.

Usuario escanea el QR → el sistema conecta las billeteras entre sí → el comercio cobra sin pagar por una terminal ni depender de un intermediario bancario tradicional.

Los datos los publicó el Banco Central (BCRA). Ahí están, fríos y en pesos.

En agosto se hicieron 117,2 millones de pagos con QR, un 67,5% más que en el mismo mes del año pasado. Esas operaciones movilizaron $2,9 billones, con una suba del 62,9% en términos reales.

Los pagos con transferencia (PCT) interoperables sumaron 118,3 millones de operaciones en agosto. El 99,1% arrancó con un código QR escaneado desde el celular.

¿De dónde sale esa plata? El 52,7% de las operaciones partió de una cuenta bancaria (CBU) y el 47,3% restante, de una cuenta de pago (CVU), como las de las billeteras virtuales.

Hoy funcionan 92 billeteras digitales interoperables en el país y hay 67 aceptadores de pagos con transferencia registrados, según el propio BCRA.

El fenómeno también se metió en el transporte público. En agosto se pagaron 26,3 millones de viajes con QR, por $36.400 millones: 23,5 millones en colectivo y 2,9 millones en las líneas de subte.

Y las transferencias inmediatas en pesos no se quedaron atrás: 779 millones de operaciones en agosto, por $96 billones, con un crecimiento del 20,3% en cantidad y del 5,5% real en los montos. Más de tres de cada cuatro transferencias tuvieron como origen o destino una cuenta de pago.

Mientras el QR explotaba, el plástico se achicaba. En julio se hicieron 172 millones de pagos con tarjeta de débito, un 8,4% menos que un año atrás, con una caída del 14,7% real en los montos. Las tarjetas de crédito tuvieron 159,3 millones de pagos, un 9,2% menos, y el monto operado cayó 17,6% en términos reales.

Ojo con el atajo fácil: los datos de tarjetas corresponden a julio, no a agosto, y el BCRA no dice que una cosa sea consecuencia directa de la otra. El crédito también se mueve por las tasas, por el consumo y por cuánta plata te queda a fin de mes. No hace falta forzar una causa para ver la tendencia: el QR crece, el plástico retrocede.

Que quede claro: esto no es el fin de los bancos. Casi la mitad de la plata que circula por QR sigue saliendo de una cuenta bancaria. Lo que cambió es el canal. El usuario ya no necesita una terminal alquilada ni pagar una comisión fija por sistema. Alcanza con un cartel con un código impreso pegado en el mostrador.

Ahí está la clave liberal del asunto: la interoperabilidad no fue un capricho del mercado, fue una decisión regulatoria del Banco Central que obligó a que las billeteras se hablen entre sí. Pero después, el que ganó terreno fue el que ofreció mejor servicio. Ningún funcionario decidió que el almacenero de tu barrio iba a cobrar más barato. Lo decidió la competencia.

No es la primera vez que el Banco Central mueve una pieza del tablero financiero: hace poco propuso blindarse frente al financiamiento de la política.

No es magia ni es gratis. Cada billetera cobra lo suyo, y las comisiones no desaparecieron: solo cambiaron de bolsillo. Tampoco todos los rubros migraron al mismo ritmo: en julio, los pagos con QR interoperable representaron apenas el 4,8% de las operaciones con tarjeta de crédito. El salto es real, pero todavía es parcial.

La pregunta que sigue abierta es para el Estado, no para vos. ¿Va a dejar competir a las billeteras sin cargarles un impuesto nuevo cada vez que el sistema crece? Porque más de la mitad de esas transferencias, las que salen de una cuenta bancaria, siguen pagando el impuesto al cheque, ese tributo que nació como algo transitorio hace un cuarto de siglo y todavía nadie se anima a enterrar del todo.

Por ahora, mientras la política discute otras cosas, el sistema de pagos ya votó: gana el que compite.

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