Mientras denuncia “medios financiados”, el streaming de Pablo Rosemblat cobraba millones de Kicillof

El debate sobre la pauta estatal y la supuesta independencia de los medios volvió a quedar en el centro de la escena tras las declaraciones de Roberto García Moritán, quien aseguró que el streaming Gelatina, conducido por Pedro Rosemblat, recibió financiamiento del gobierno bonaerense de Axel Kicillof, pese a que su director suele denunciar a otros medios por presuntos vínculos con el poder político.

Moritán realizó estas afirmaciones durante su participación en La Casa Stream, donde exhibió documentación que, según sostuvo, acredita pagos de pauta oficial de la Provincia de Buenos Aires al proyecto Gelatina. El señalamiento apuntó directamente a lo que definió como una contradicción entre el discurso público del ciclo y su esquema de financiamiento.

El exfuncionario recordó un fragmento del discurso que Rosemblat pronunció en los Martín Fierro de Streaming, donde ironizó sobre otros canales al afirmar: “Le ganamos a Carajo, que de los canales financiados por los fondos reservados de la SIDE es mi favorito”. Para Moritán, ese mensaje encarna una acusación grave que pierde sustento cuando se observan los números del propio proyecto.

“Generalmente te acusan de lo que ellos mismos hacen”, sostuvo Moritán, y agregó que el kirchnerismo históricamente utilizó estructuras del Estado para presionar, disciplinar o financiar espacios afines. En ese marco, cuestionó que se presente a Gelatina como un emprendimiento independiente sostenido por mérito y trabajo privado, cuando —según los documentos mostrados— recibió recursos públicos de manera sostenida.

De acuerdo con la información exhibida, Gelatina habría percibido más de 11 millones de pesos en pauta oficial bonaerense durante 2023, y superó los 23 millones de pesos en 2024, siempre según registros de órdenes de compra de la Provincia de Buenos Aires. Los montos, afirmó Moritán, evidencian un vínculo económico directo con la gestión de Kicillof.

El planteo no se limita a una cuestión contable. La crítica central apunta al doble discurso: mientras desde el streaming se cuestiona a otros medios por su presunta dependencia del Estado, se omite mencionar el propio financiamiento proveniente de fondos públicos. Para Moritán, esta omisión busca construir una imagen de superioridad moral que no se condice con la realidad.

“Se autodefinen como sensibles, comprometidos con causas justas y con los pobres, pero cuando uno mira los números aparece la hipocresía”, sostuvo el exfuncionario, visiblemente molesto por lo que consideró una práctica recurrente del kirchnerismo cultural: denunciar la pauta ajena mientras se cobra la propia.

El caso vuelve a poner en discusión el rol de la publicidad oficial como herramienta de financiamiento político y de construcción de relato. También reabre el debate sobre la transparencia en el uso de recursos públicos y la necesidad de reglas claras que eviten la discrecionalidad y el favoritismo.

Más allá de las posiciones ideológicas, el episodio deja una pregunta incómoda: ¿se puede acusar a otros de estar financiados por el Estado mientras se reciben millones de pesos de un gobierno provincial? Para Moritán, la respuesta es evidente. Y para muchos, el contraste entre discurso y práctica vuelve a desnudar una lógica que dice combatir lo que, en los hechos, reproduce.

En definitiva, el caso Gelatina expone una vieja dinámica de la política argentina: la crítica selectiva, donde el problema no es la pauta en sí, sino quién la cobra. Y una vez más, los números parecen decir más que los discursos.

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