Una diputada kirchnerista salió a explicar su crédito y terminó defendiendo el proceso del Banco Nación

La polémica por los créditos hipotecarios del Banco Nación a funcionarios y dirigentes oficialistas abrió una discusión legítima sobre transparencia, condiciones de acceso y posibles privilegios. Los registros públicos del BCRA, procesados por la plataforma “¿Cuánto Deben?”, muestran que al menos nueve funcionarios y legisladores vinculados a La Libertad Avanza accedieron a préstamos del Nación por montos de hasta $400 millones, mientras la oposición ya pidió informes para determinar si hubo excepciones, trato preferencial o evaluaciones de riesgo cuestionables. En ese contexto, la intervención de Julia Strada buscó despegarse del escándalo. Pero, al hacerlo, terminó reforzando el argumento central del banco: que el sistema tuvo circuito, papeles y procedimiento.

Strada reaccionó después de que Luis Caputo la incluyera, junto con Anabel Fernández Sagasti, en la discusión pública sobre los préstamos del Nación. La diputada respondió con un hilo donde detalló su caso y publicó el paso a paso de su trámite. Según explicó, comenzó comparando tasas en junio de 2025, inició formalmente la solicitud el 18 de julio de 2025 y terminó firmando recién a comienzos de marzo de 2026. Es decir, un recorrido de 228 días. También dijo que tomó menos dinero del que le ofrecían para no quedar asfixiada por la cuota.

Ese dato, lejos de destruir la defensa institucional del Banco Nación, la apuntaló. Si una diputada opositora, además exdirectora del propio banco, muestra un trámite de ocho meses, con intercambio documental, mails oficiales y decisión de reducir el monto por prudencia financiera, lo que aparece no es precisamente una “ventanilla VIP” escandalosa. Aparece, más bien, un proceso largo, trazable y bastante menos espectacular de lo que sugerían algunas acusaciones en redes. Que Strada haya querido defenderse a sí misma no cambia el efecto político de su descargo: su propio relato va en la misma dirección que la versión oficial del Nación.

Y esa versión oficial fue explícita. El Banco Nación negó que hubiera condiciones preferenciales o agilización especial para funcionarios y sostuvo que los préstamos se otorgaron con los mismos requisitos que al resto de los beneficiarios de la línea “Más hogares con BNA”, que ya entregó 27.000 créditos desde su lanzamiento en julio de 2024. Mario Zagaglia, subgerente general de Banca Minorista, afirmó que “no hubo ningún tipo de acomodo”, que el proceso es uniforme y que hoy la gestión es 100% digital, con trazabilidad completa desde la solicitud hasta la firma. También explicó que diferenciar condiciones para quienes cobran el sueldo en el banco no es una anomalía, sino una práctica habitual del sistema financiero.

Hay un detalle todavía más importante. Zagaglia señaló que suele ser normal sumar cotitulares o codeudores, incluso familiares directos, para calificar. Y eso coincide con lo que contó Strada: que tramitó el crédito junto con su madre como codeudora para cambiar el departamento heredado tras la muerte de su padre. O sea, incluso en los aspectos finos del caso, la defensa personal de la diputada kirchnerista quedó alineada con la explicación técnica del banco. Lo que ella presentó como prueba de que no hubo arbitrariedad terminó funcionando, además, como una defensa indirecta del mecanismo general.

Eso no significa que toda la controversia haya quedado cerrada. Siguen existiendo pedidos de informes, denuncias y dudas sobre otros casos puntuales, especialmente por montos altos otorgados a funcionarios del oficialismo. Pero una cosa es que la discusión general siga abierta y otra muy distinta es fingir que cada crédito mencionado prueba automáticamente un acomodo. Justamente el caso Strada complica esa simplificación. Porque una dirigente kirchnerista que salió a exhibir sus papeles para defenderse terminó validando, al menos en su propio expediente, la idea de que el acceso al crédito pasó por el circuito regular del Nación.

La paradoja política es evidente. Mientras parte de la oposición intenta instalar que el Banco Nación funcionó como una caja de privilegios, una diputada del kirchnerismo quedó obligada a mostrar que su propio crédito recorrió el carril formal, con tiempos largos, documentación y condiciones que no lucen excepcionales. No solo eso: el propio Caputo cerró el cruce diciéndole que no dudaba “ni por un minuto” de que ella lo había sacado por derecha, porque de otro modo el Nación no se lo habría dado. Es una frase política, sí, pero resume bastante bien el resultado del episodio: Strada quiso blindarse y terminó dejando mejor parado al proceso que al relato del escándalo.

En el fondo, el caso revela algo más incómodo para el kirchnerismo. Después de años sin crédito hipotecario relevante, la reaparición de líneas activas del Banco Nación generó una situación difícil de atacar sin contradicciones. Porque cuanto más muestran algunos opositores cómo accedieron ellos mismos al préstamo, más cuesta sostener que todo el sistema era una maniobra opaca por definición. La discusión seria seguirá siendo si hubo o no irregularidades en casos concretos. Pero, en el caso de Strada, su descargo produjo exactamente el efecto contrario al buscado: en vez de hundir al Banco Nación, terminó defendiendo su proceso.

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