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Persecución policial tras un robo de collares en un local de Santa Rosa
La Pampa · 2 min

Tres menores, un robo frustrado y una víctima que no se rindió: la noche agitada que vivió Santa Rosa

Por Redacción Pampa Liberal

La víctima persiguió a los sospechosos hasta el Sanatorio Santa Rosa, y la policía logró detener a los tres jóvenes en distintos puntos de la ciudad, recuperando lo robado.

La noche del 22 de julio en Santa Rosa no fue una más. A las 21:20 horas, un llamado al servicio de emergencias 101 alertó sobre un intento de hurto en pleno centro. Tres menores de edad habían ingresado a un local comercial ubicado en Coronel Gil 421, tomaron collares exhibidos y se retiraron rápidamente sin abonar. Lo que parecía un robo menor se convirtió en una persecución urbana que involucró patrullas, motoristas y testigos en varias arterias de la ciudad.

La víctima, lejos de resignarse, decidió seguir a los jóvenes en dirección al Sanatorio Santa Rosa. En simultáneo, un motorista de la policía divisó a uno de los sospechosos, vestido con un buzo verde, sobre la calle Bartolomé Mitre. Aunque lo perdió momentáneamente, la coordinación policial ya estaba en marcha. Otro patrullero avistó a otro de los menores corriendo por Avenida España, logrando interceptarlo en la intersección con Avenida Ameghino. El joven, de 15 años, no opuso resistencia. La búsqueda continuó y el primer menor fue hallado escondido en un domicilio sobre Bartolomé Mitre. Finalmente, en la esquina de Mitre y Alem, se encontraron los tres soportes plásticos con collares sustraídos del local.

La rápida respuesta de la Seccional Tercera fue clave para frustrar el hurto. La Unidad Funcional de Género, Niñez y Adolescencia (UFGNyA) se hizo cargo del traslado de los menores, mientras los objetos recuperados fueron secuestrados en presencia de testigos. La empleada del local relató que los tres jóvenes circulaban por Coronel Gil hacia Alem cuando tomaron los collares y se retiraron sin pagar.

Este episodio, más allá del hecho policial, expone una grieta profunda: ¿qué está fallando en el sistema que permite que menores de edad se vean envueltos en delitos? ¿Es la falta de oportunidades, la ausencia de límites, o un Estado que ha delegado su rol formativo en estructuras burocráticas ineficaces?

Desde una mirada liberal, la solución no está en más controles ni en castigos simbólicos porque la libertad no es impunidad, es responsabilidad.

La reflexión final es clara: un país que apuesta por la libertad debe empezar por liberar a sus jóvenes del abandono institucional. Porque solo con educación real, oportunidades concretas y justicia efectiva, se puede evitar que el buzo verde vuelva a correr por las calles.

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