Mientras caen los aprendizajes, UTELPa y AMET vuelven a pedir más plata: ¿hasta cuándo el chantaje sindical?
El reclamo por la reapertura de paritarias se repite año tras año, mientras los indicadores oficiales muestran que más de la mitad de los estudiantes termina el secundario sin comprender lo que lee.
Otra vez, los sindicatos docentes de La Pampa reclaman una “urgente reapertura de paritarias”. UTELPa y AMET exigen que el gobierno provincial vuelva a sentarse a negociar salarios, argumentando que la inflación ha erosionado los sueldos. La novedad no es el reclamo en sí, sino la naturalización de un modelo que gira en torno al conflicto permanente y nunca al mérito ni a la mejora educativa.
Lo que nadie dice es que, a pesar de décadas de paritarias, aumentos y presupuestos inflados, los resultados del sistema educativo pampeano están en caída libre. Según datos oficiales, más del 50% de los estudiantes no comprende lo que lee al terminar el secundario. La repitencia y el ausentismo estructural son moneda corriente. La educación se ha convertido en un gran aparato de sueldos, con escasa exigencia y cero rendición de cuentas.
Y en el centro de esa maquinaria están ellos: los sindicatos. No los docentes de vocación, que trabajan con compromiso en el aula, sino las cúpulas sindicales que hace años operan como corporaciones dedicadas a proteger privilegios, resistir evaluaciones, frenar cualquier reforma estructural y mantener cautiva a una educación estatizada.
UTELPa y AMET son actores políticos. Se pronuncian contra reformas liberales, militan en actos kirchneristas, atacan al gobierno nacional y mantienen su lugar de poder en base a paros, amenazas y negociaciones constantes. ¿Cuándo fue la última vez que presentaron una propuesta seria para mejorar los aprendizajes? ¿Qué indicadores miden su “lucha”?
Mientras tanto, La Pampa destina más del 35% de su presupuesto a Educación, pero ese dinero no va a becas, capacitación docente ni innovación, sino a mantener estructuras burocráticas y sueldos garantizados. No hay incentivo al esfuerzo, no hay premios por mérito, no hay evaluaciones que tengan consecuencias.
El presidente Javier Milei propone otro camino: orden fiscal, reducción del gasto político y un cambio de paradigma donde el mérito vuelva al centro. Porque sin mérito, no hay educación. Y sin educación de calidad, no hay futuro posible.
La pregunta que deberíamos hacernos no es si hay que reabrir la paritaria. La pregunta es hasta cuándo vamos a seguir alimentando un sistema que fracasa. ¿De verdad creemos que el problema es falta de plata? ¿O será que sobran burócratas y falta libertad?
Es hora de dejar de premiar la presión sindical y empezar a premiar el mérito, la vocación y la excelencia. La educación debe liberarse del sindicalismo para volver a servir a los estudiantes y a la sociedad.
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