Alberto Fernández, que dejó más de 200% de inflación, elogia el equilibrio fiscal de Ziliotto
El expresidente dijo en una entrevista que Sergio Ziliotto “es un gran gobernador” y que “podría ser un gran presidente”, y puso a La Pampa como ejemplo de orden fiscal. No aportó una sola cifra. El certificado lo firma el hombre que terminó su mandato con una inflación anual superior al 200%, defiende la intervención de Vicentin y admite que su propia generación “ha cumplido un ciclo”.
Parece una broma, pero no lo es. El expresidente Alberto Fernández salió esta mañana a ungir al gobernador de La Pampa. “Ziliotto es un gran gobernador, con todas las letras, y podría ser un gran presidente”, dijo casi al final de una extensa entrevista.
Fernández no se quedó en el elogio personal. También destacó a La Pampa como ejemplo de administración con equilibrio fiscal y promoción de la actividad económica. Lo dijo en general, sin un número y sin un período: un certificado de buena gestión firmado a mano alzada.
Conviene mirar quién lo firma. La gestión de Fernández terminó con una inflación anual superior al 200%. Él mismo lo admitió, aunque discutió que toda la responsabilidad sea de su gobierno: mencionó el impacto de la sequía y la pérdida de ingresos por exportaciones.
El hombre que entregó el país con los precios a esa velocidad ahora certifica el orden fiscal ajeno.
El resto de la entrevista completa el cuadro. Fernández defendió la intervención de Vicentin, una de las decisiones más resistidas de su presidencia, y sobre esa jugada reconoció: “Yo evidentemente tenía información insuficiente”. Sostuvo que después se enteró de un entramado societario más complejo del que conocía cuando decidió avanzar.
Sobre el Fondo Monetario Internacional fue todavía más gráfico: “El Fondo Monetario para mí es un cáncer para el argentino. Es una cosa espantosa”. Afirmó que su administración pagó la deuda contraída durante el gobierno de Mauricio Macri y cuestionó los procedimientos de aquel endeudamiento, aunque admitió que la tomó un gobierno elegido democráticamente. La discusión sobre el peso real de esa deuda hoy se da con números concretos sobre el PBI.
También dedicó buena parte de la charla a la causa en la que está procesado por la denuncia de violencia de género presentada por su ex pareja, Fabiola Yáñez. Rechazó las acusaciones, habló de una campaña de desprestigio en su contra y cuestionó cómo se difundieron públicamente las lesiones. “Yo durante un año y medio jamás fui consultado por un medio para ver si lo que decía era cierto”, afirmó.
Acá hace falta precisión, porque el tema la exige: Fernández está procesado, no condenado, y niega los hechos. Un procesamiento es una etapa de la investigación, no una sentencia. Según su relato, el exjuez Julián Ercolini fue apartado y la causa quedó a cargo del juez Daniel Rafecas, que debe producir medidas de prueba pedidas por su defensa.
Ese es el currículum del padrino político que le salió al peronismo pampeano.
Y hay algo más. En la misma entrevista, Fernández planteó la necesidad de una renovación generacional en el peronismo, reconoció que las internas de su gobierno fueron “muy dañinas” y soltó una frase que se explica sola: “Hay un cansancio con nuestra generación que hay que admitirlo”. Sostuvo que la camada que llegó al poder con Néstor Kirchner en 2003 “ha cumplido un ciclo”.
El mismo dirigente que anuncia el fin de su ciclo encontró tiempo para repartir una candidatura presidencial. La renovación, parece, la define la generación que se va.
Ahora bien, un elogio no es un aval formal ni una postulación. Ziliotto no se postuló a nada en esa entrevista, no pidió ese respaldo ni consta que lo haya aceptado. Que un expresidente diga que alguien “podría ser un gran presidente” no convierte a ese alguien en candidato, ni lo vuelve responsable de lo que opine quien lo elogia.
Lo que queda es un problema concreto para el oficialismo provincial: su mejor carta de recomendación pública la escribió el dirigente al que su propio espacio discute.
Queda también un pendiente que vale más que cualquier elogio. El equilibrio fiscal de La Pampa no se demuestra con una frase: se demuestra con ejecución presupuestaria publicada, deuda, planta de personal y presión impositiva, abiertos y a tiempo. Hace poco el propio Gobierno provincial pidió tocar fondos con destino específico porque el presupuesto no alcanzó, y desde el campo le reclamaron de frente bajar impuestos y arreglar rutas y caminos.
El pampeano paga impuestos reales, no elogios.
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