La guerra de la lapicera: LEZCANO desnuda la fractura del PJ pampeano
La cumbre de Identidad Peronista, con más de 370 dirigentes, mostró la fuerza de Lezcano frente al gobernador, mientras Verna reapareció con una lapicera como gesto de desafío directo.
La interna del PJ pampeano está que arde. Lo que antes se disimulaba detrás de actos protocolares y discursos de unidad hoy estalla a cielo abierto con gestos, frases y reuniones que dejan al descubierto una fractura profunda. La reciente cumbre de Identidad Peronista, donde más de 370 dirigentes se congregaron para marcar territorio, fue una postal clara de esa división. “Vamos a estar listos para seguir defendiendo a La Pampa y cuidando a nuestro gobernador”, dijo Jorge Lezcano, una frase que en apariencia suena conciliadora pero que, en el contexto actual, tiene el filo de un cuchillo.

Lezcano y los suyos se mostraron organizados, con fuerza y con una consigna clara: Identidad Peronista no piensa regalar la conducción partidaria ni someterse sin más al verticalismo vernista. La tensión viene acumulándose desde hace tiempo, pero tuvo uno de sus momentos más gráficos en el célebre “gesto de la lapicera”. En medio de las disputas internas, Carlos Verna reapareció en público con una lapicera en la mano, una provocación directa hacia el actual mandatario, que días antes había advertido que “la lapicera no se comparte”. Verna no necesitó decir nada más: con ese gesto le recordó a todos quién fundó este peronismo provincial, quién lo gobernó durante años, y quién todavía tiene poder para bendecir o vetar candidaturas. Fue una escena cargada de simbolismo y de desafío.
Ziliotto, por su parte, intenta mostrarse al mando, pero cada vez son más las señales de que su conducción genera resquemores incluso dentro de su propio espacio. La elección de 2023 dejó heridas abiertas, con intendentes desplazados, referentes relegados y una estructura partidaria que se siente más manipulada que representada. Las derrotas en municipios clave, sumadas a la avanzada de otros espacios políticos, dejaron al peronismo pampeano tambaleando, y la respuesta del oficialismo fue la típica: cerrar filas, acumular poder y silenciar disidencias. Pero ya no funciona.
Lo que está ocurriendo en La Pampa no es solo una disputa de nombres: es una guerra de estructuras, de relatos y de proyectos personales que ya no encajan en la misma boleta. Los que antes eran “compañeros” hoy se acusan de traición, de egoísmo o de tibieza. Y en el medio, una ciudadanía cada vez más alejada del peronismo tradicional, cansada de ver cómo los dirigentes discuten cargos mientras los problemas de fondo se agravan.
Mientras tanto, Verna juega el rol de “viejo lobo” que aún marca el pulso de la política provincial. Con sus silencios, sus apariciones estratégicas y sus gestos medidos, sigue influyendo. Ziliotto, en cambio, intenta consolidar su poder en medio de una tormenta que ya no controla del todo. Todos disputan la lapicera, pero el papel ya se está quemando.
El PJ pampeano, alguna vez sinónimo de estructura sólida y poder aceitado, hoy es un edificio resquebrajado por las internas, los egos y la falta de renovación real. Detrás de los discursos de unidad, se ocultan rencores, pases de factura y una feroz pelea por el control de lo poco que queda. La lapicera pasó de ser símbolo de liderazgo a emblema de la decadencia. Y lo peor para ellos es que todos lo estamos viendo.
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