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Dos dirigentes peronistas posan sonrientes y abrazados en un despacho, con un retrato militar del siglo XIX de fondo
Nacionales · 4 min

Sin PASO en el horizonte: en el peronismo ya dan por hecho que el Gobierno consigue los votos

Por Redacción Pampa Liberal

Distintos sectores del PJ calculan que La Libertad Avanza no reúne los votos para eliminar las primarias de manera definitiva, pero sí para dejarlas sin efecto en las elecciones del año próximo. No hay ley sancionada ni votos contados: hay una lectura interna que ya está reordenando la pelea por la candidatura presidencial. Lo que se define ahí es un método: si el nombre de la boleta lo elige el votante o lo acuerdan los dirigentes.

En el peronismo dan por descontado que el Gobierno va a conseguir los acuerdos con gobernadores aliados para suspender las PASO en el Congreso. El cálculo que comparten distintos sectores del PJ tiene letra chica: La Libertad Avanza no reuniría los votos para eliminar definitivamente las primarias, pero sí los suficientes para dejarlas sin efecto de cara a los comicios del año próximo.

La diferencia no es menor. Las PASO son las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias: la instancia en la que cualquier ciudadano, afiliado o no, define qué precandidato encabeza la lista de cada espacio. Suspenderlas para una elección puntual no las borra del sistema, las deja dormidas por una vuelta.

Esa cuenta la está haciendo el peronismo, no el tablero del Congreso. Todavía nadie votó nada.

Y sin embargo ya opera: la posibilidad de que no haya primarias empezó a funcionar como dato ordenador dentro del PJ y obliga a sus principales referentes a pensar cómo resuelven la candidatura presidencial sin una urna que se las resuelva.

Porque la definición no desaparece, se muda. Sin PASO, el votante no elige entre precandidatos: recibe un nombre ya acordado.

El que más suena es el del gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Reúne condiciones que hoy no tienen otros aspirantes: está al frente de una de las principales administraciones del país y tiene un nivel de conocimiento nacional elevado. En su entorno y en otros sectores del peronismo creen que podría construir una candidatura con potencial electoral.

La advertencia la pone el propio peronismo: su intención de voto no está medida en un escenario competitivo de interna, y hay quienes creen que eso no alcanza para ganarle a Javier Milei. Ser el más conocido de la casa no es lo mismo que ser competitivo afuera.

Es el mismo gobernador que, cuando el agua complicó a su provincia, le atribuyó a la Nación la responsabilidad por lo que pasaba en Carlos Casares.

También está Sergio Massa, el candidato presidencial del peronismo en 2023. Hace tiempo que evita los flashes, pero su vuelta tiene una condición: que haya un compromiso de que represente al peronismo unido. Acuerdo primero, competencia después. Es exactamente lo que una primaria complica y una suspensión vuelve negociable.

La incógnita mayor es Cristina Kirchner. Mantiene centralidad en el armado opositor, pero no puede ser candidata por su condena a prisión. En el peronismo contemplan que impulse a otro dirigente, y ese dato pesa tanto como cualquier encuesta: el que no compite igual reparte cartas.

Ahí circulan dos senadores: el santiagueño Gerardo Zamora y el sanjuanino Sergio Uñac. Ambos tienen vínculos con Massa y podrían funcionar como alternativas para distintos sectores. A Uñac lo mencionan como un dirigente con buena llegada a Cristina Kirchner y con capacidad para sumar apoyos más allá de su provincia. “Sergio ve que esta puede ser su chance de jugar y por eso quiere animarse”, confían quienes trabajan cerca del sanjuanino.

Zamora conserva interlocución con Massa y suma experiencia de gestión y recorrido político. Su eventual postulación depende de algo menos vistoso que una medición: la capacidad de articular respaldos dentro de un partido que todavía no resolvió cómo ordenar su liderazgo después de la derrota de 2023.

Desde entonces, el peronismo sigue discutiendo quién manda.

Lo que todavía no existe es casi todo: no hay candidaturas formalizadas ni mediciones concluyentes que permitan establecer quién tendría ventaja en una interna, y tampoco hay votos contados en el recinto. Hay conversaciones y una expectativa: que el oficialismo resuelva en el Congreso un problema que el PJ no resuelve en su propia casa.

Esa es la responsabilidad que señalamos, y no es del Gobierno. Un partido que aspira a volver a la Casa Rosada debería poder explicar cómo elige a su candidato, con primarias o sin ellas. Y si prefiere definirlo entre dirigentes, que lo diga en voz alta en lugar de esperar que una ley le ahorre la discusión.

La pelea por las reglas, además, se da en varios frentes a la vez: hay provincias que evalúan desdoblar sus elecciones para esquivar el arrastre nacional y mediciones que ubican a La Libertad Avanza al frente en el escenario de 2027.

Todavía no hay norma, ni votos, ni candidatos. Hay un partido que ya se está acomodando a una regla que nadie escribió.

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