Hermana, ¿les importa tu reclamo o solamente tu voto?
Para levantar una bandera, te quieren. Para llenar un acto, te necesitan. Para denunciar a un compañero, ¿también te escuchan?
Una representante de la Rama Femenina denunció maltratos y hostigamiento contra militantes de la Unidad Básica Centro del PJ y reclamó que intervengan las autoridades. El señalado es su presidente, Carlos “Mono” Casalegno.
Ahora el discurso tiene que pasar una prueba bastante sencilla: funcionar puertas adentro.
Porque defender a las mujeres cuando sirve para cuestionar al adversario es cómodo. La coherencia se demuestra cuando hay que investigar a alguien de la propia estructura.
El feminismo también tiene una pregunta pendiente: ¿qué independencia conserva si la gravedad de una denuncia termina dependiendo del partido al que pertenece el denunciado?
La afiliación del señalado no puede decidir cuánto vale la palabra de quien denuncia.
Hermana, si tu reclamo sirve para una campaña, pero molesta cuando apunta hacia adentro, te están usando.
Si te ofrecen un micrófono para cuestionar al adversario y te piden silencio para cuidar al compañero, les importa tu utilidad electoral.
Y si para pertenecer tenés que aguantar, el precio de esa pertenencia es demasiado alto.
Este problema nos alcanza a todos, seamos hombres o mujeres. Cuando una estructura concentra poder, administra las denuncias a puertas cerradas y evita explicar sus decisiones, cualquiera que depende de ella queda expuesto.
La oscuridad protege al que manda. Al que reclama lo deja solo.
Por eso hacen falta procedimientos claros, garantías para denunciar sin represalias y decisiones fundamentadas. También el derecho del acusado a responder. Que nadie pueda resolver una acusación según sus amistades, su cargo o los votos que aporta.
Eso es lo que corresponde exigirle al PJ frente a este reclamo. Su respuesta permitirá evaluar si está dispuesto a hacerlo.
La unidad partidaria no vale más que tu dignidad. Una consigna no reemplaza una respuesta. Y ningún dirigente merece obediencia a cambio de dejarte participar.
Si te quieren para poner el cuerpo, pero te dejan sola cuando reclamás respeto, date cuenta: te están cagando.