El río Colorado es nival, no glaciar: tome nota, gobernador.
Hay discusiones en las que se puede debatir el enfoque. Y hay otras en las que primero hay que respetar un dato básico. Sergio Ziliotto eligió judicializar la reforma de la Ley de Glaciares con un argumento de alto voltaje político: presentar al río Colorado como si fuera, en esencia, un río “de origen glacial”. El problema es que ahí empieza a flaquear el edificio entero. El Comité Interjurisdiccional del Río Colorado describe al Colorado como un río de régimen fuertemente estacional, cuya alimentación preponderante corresponde a la fusión nival en la cuenca activa. El río, además, se origina en la confluencia de los ríos Grande y Barrancas. La columna de Adrián Ravier publicada este 14 de abril retomó justamente ese punto para cuestionar el argumento del gobernador.
No es un detalle menor. La diferencia entre nival y glaciar no es una picardía semántica ni una pelea académica: es la base del razonamiento con el que La Pampa intentó instalar miedo, dramatizar el conflicto y llevarlo a la Justicia. Según la presentación difundida tras la sanción de la reforma, Ziliotto promovió un amparo y una cautelar a menos de 24 horas de aprobada la ley, sosteniendo que la norma afectaría a la provincia porque uno de sus ríos proviene de zonas glaciares. Incluso en la cobertura del propio caso se señaló que ese era uno de los ejes del planteo pampeano.
Ahora bien, no conviene caer en la simplificación opuesta. Que el Colorado sea principalmente nival no liquida, por sí solo, toda discusión sobre protección ambiental, funciones hídricas o evaluación de impacto. La reforma aprobada el 8 de abril cambió el esquema de la ley: redefinió el objeto protegido, concentrándolo en glaciares y ambientes periglaciales con funciones hídricas específicas; dejó en manos de las provincias una parte mayor de esa determinación; y pasó de un régimen de prohibiciones más estructural a uno más apoyado en evaluación de impacto ambiental caso por caso. Ese es el verdadero debate de fondo.
De hecho, el propio Gobierno nacional defiende la reforma en esos términos: sostiene que el IANIGLA no desaparece, que el Inventario mantiene un rol precautorio, que siguen vigentes los procedimientos de evaluación ambiental y que, en cuencas compartidas, continúa aplicando el régimen de gestión ambiental del agua. Es decir: la discusión seria no debería pasar por una frase alarmista sobre un río “glacial”, sino por si el nuevo equilibrio entre tutela ambiental, ciencia aplicada, competencia provincial y desarrollo minero está bien diseñado o no.
Y ahí es donde el gobernador vuelve a mostrar una vieja costumbre del poder pampeano: en lugar de discutir con precisión, prefiere sobreactuar. En vez de entrar al terreno incómodo de los incentivos, los controles, la coordinación interjurisdiccional y la calidad técnica de las evaluaciones, Ziliotto eligió el camino más fácil: convertir un debate complejo en una campaña de miedo. Eso sirve para una conferencia de prensa. Sirve para victimizarse. Sirve para mantener encendida una épica defensiva. Pero sirve mucho menos para explicar bien lo que está en juego.
La ironía es evidente. Si de verdad se quiere defender el agua de los pampeanos, lo primero que hay que hacer es hablar con rigor. No exagerar. No confundir a propósito. No usar el peso simbólico de los glaciares para blindar una posición política con una premisa técnicamente floja. Porque cuando un gobernador arranca mal en lo básico, después cuesta creerle cuando pide que lo acompañen en lo importante.
La Pampa tiene todo el derecho de litigar, reclamar, discutir competencias y exigir garantías ambientales. Lo que no tiene derecho es a reemplazar datos por relato. Y mucho menos cuando el dato que se intenta torcer es tan elemental. El río Colorado no es un río glaciar en el sentido que quiso sugerir el discurso oficial. Su alimentación es predominantemente nival. Eso no cierra el debate. Pero sí deja en evidencia algo más incómodo: que Ziliotto prefirió asustar antes que explicar.
Tome nota, gobernador. Primero los hechos. Después, si quiere, la política.
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