Impuestos cero por 15 años: Ziliotto se ríe en la cara del contribuyente pampeano
El gobernador anunció exenciones de hasta el 100%, estabilidad fiscal, crédito subsidiado y tierras promocionales para captar negocios de Vaca Muerta. La baja de impuestos va en la dirección correcta, pero el privilegio prometido a quienes lleguen expone la carga que siguen soportando quienes ya producen en La Pampa.
Sergio Ziliotto anunció un paquete de incentivos para atraer a La Pampa empresas proveedoras de Vaca Muerta: exenciones de hasta el 100% de los impuestos provinciales, estabilidad fiscal durante 15 años, financiamiento subsidiado y acceso a tierras públicas en condiciones promocionales. Es una señal favorable hacia la inversión privada, pero también una confesión política: el gobernador reconoce para los nuevos capitales que los impuestos son un obstáculo mientras mantiene esa carga sobre quienes ya trabajan, producen y consumen en la provincia.
El plan apunta a convertir a La Pampa en una plataforma industrial, logística y de servicios vinculada con la expansión petrolera y gasífera de Neuquén. Entre los proyectos anunciados figura un nodo productivo de 500 hectáreas en 25 de Mayo, una ubicación estratégica por su cercanía con la cuenca. La propuesta busca captar transportistas, fabricantes de insumos, prestadores de servicios y otras firmas de la cadena energética.
Hasta ahora se trata de un anuncio: las exenciones no fueron presentadas como beneficios vigentes. Esa diferencia es decisiva: una presentación puede marcar una orientación, pero solo reglas claras y ejecutables pueden cambiar una decisión de inversión.
La iniciativa profundiza el giro que el propio gobierno pampeano había exhibido en octubre, cuando presentó un régimen provincial inspirado en la lógica del RIGI nacional. Pampa Liberal señaló entonces que el gobierno pampeano adoptaba incentivos asociados con la lógica del régimen nacional: para atraer capital hay que ofrecer previsibilidad, menor carga tributaria y reglas más estables.
No hay nada reprochable en bajar impuestos. Al contrario: es una condición necesaria para que aparezcan proyectos, empleo privado y competencia. El problema es reservar ese alivio para un grupo elegido por el poder mientras el resto de los contribuyentes sigue financiando el mismo Estado. Si una empresa nueva necesita hasta quince años de estabilidad y una exención total para considerar viable su instalación, el interrogante inevitable es por qué un comercio, una pyme o un productor que ya están radicados en La Pampa no merecen condiciones equivalentes.
Ahí está la burla al contribuyente pampeano. No porque la inversión deba pagar más, sino porque el Gobierno admite que pagar menos favorece el desarrollo y, aun así, no extiende esa conclusión al conjunto de la economía. El mensaje es desigual: quien llegue con un proyecto seleccionado podrá recibir alivio, crédito subsidiado y tierra promocional; quien sostuvo actividad, empleo y recaudación antes del anuncio continuará sometido al régimen ordinario.
El alcance real del paquete tampoco depende únicamente de la voluntad de Ziliotto. Según la presentación, el Gobierno provincial invitó a los municipios a adherir con exenciones de tasas y pidió autorización nacional para ampliar la subzona franca. La coordinación entre los tres niveles de gobierno será tan importante como el anuncio si la Provincia pretende construir una ventaja competitiva efectiva y no una vidriera burocrática.
También habrá que mirar el costo de los subsidios. Un crédito más barato puede facilitar una inversión, pero la diferencia no desaparece: alguien la paga. Si se cubre con recursos públicos, el contribuyente que no accede al programa terminará financiando el beneficio de quien sí sea admitido. Un régimen serio debe publicar criterios objetivos, plazos, cupos, costos fiscales y mecanismos de control, en lugar de repartir ventajas mediante decisiones discrecionales.
La mejor versión del plan sería aquella que abra una puerta hacia una reforma general: menos impuestos, reglas estables y trámites simples para todos. La peor sería un catálogo de promesas selectivas que no se traduzca en inversiones efectivas y cargue nuevos subsidios sobre los mismos de siempre. La diferencia no la marcará el discurso, sino la ejecución y los capitales privados que efectivamente decidan instalarse.
Ziliotto acertó al reconocer que La Pampa debe competir por inversiones y que la presión fiscal importa. Ahora debe explicar por qué esa verdad tendría una vigencia limitada a quince años y solo para algunos. Si los impuestos cero sirven para atraer al que todavía no llegó, bajar la carga también debería servir para que sobreviva y crezca el pampeano que ya está acá.