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Vecinos denuncian una pérdida cloacal en una calle de Santa Rosa, La Pampa
La Pampa · 3 min

Vecinos conviven con olor cloacal hace semanas y nadie responde: la postal del abandono estatal

Por Redacción Pampa Liberal

Una vecina de Santa Rosa envió una foto a la redacción de Pampa Liberal que retrata una escena ya tristemente habitual en la ciudad: un caño cloacal vertiendo líquidos fétidos a la vía pública, desde hace tiempo y sin que nadie haga nada. El hecho ocurre en Tomás Mason al 800, donde los vecinos conviven con el olor permanente, el riesgo sanitario y la indiferencia estatal.

“Hola. Mirá, el caño de la cloaca virtiendo hace tiempo. Un aroma intenso. En la calle Tomás Mason al 800”, dice el mensaje que llegó al diario, acompañado por una imagen contundente. No se trata de una zona rural ni de un barrio olvidado por el trazado urbano: estamos hablando de pleno casco urbano, en la capital de la provincia.

Lo más preocupante no es solo el rebalse cloacal en sí, sino la normalización de este tipo de episodios. Porque no es el primero, y seguramente no será el último. Las cloacas desbordadas, las calles rotas, las pérdidas de agua, los basurales espontáneos y las luminarias sin funcionar forman parte de un paisaje urbano que parece gestionado por la resignación.

Mientras tanto, el Estado provincial y municipal sigue acumulando poder y recursos, pero sin resultados. Los mismos que exigen cada vez más impuestos y tasas, que multiplican organismos, cargos y reparticiones, no son capaces de garantizar que los desechos cloacales lleguen al lugar que deben. El modelo pampeano sigue apostando por un estatismo ineficiente que concentra pero no resuelve, recauda pero no mantiene, promete pero no cumple.

¿Qué pasó con las millonarias partidas destinadas a obras sanitarias? ¿Dónde quedó el relato del desarrollo inclusivo y la infraestructura moderna? Porque en la práctica, lo que muchos vecinos ven es cloaca a cielo abierto y funcionarios mirando hacia otro lado.

Este caso puntual en Tomás Mason al 800 es apenas una muestra del costo real de seguir sosteniendo un Estado que quiere hacerlo todo, pero no hace nada bien. Porque cuando los servicios básicos fallan, fallan también los derechos elementales de los ciudadanos. Y entonces no hay discurso de equidad ni propaganda oficial que alcance.

Una comunidad verdaderamente libre y justa necesita algo más que slogans: necesita servicios públicos eficientes, gestionados con lógica, con control y con responsabilidad. Allí donde el monopolio estatal fracasa sistemáticamente, hace falta abrir las puertas a modelos donde la competencia, la transparencia y la descentralización sean la norma.

La libertad no es solo un principio económico: es también la posibilidad de vivir sin cloacas rebalsadas frente a la puerta de tu casa. Y eso, en La Pampa del estatismo eterno, parece seguir siendo un lujo.

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