Primeros efectos del plan Milei: se fortalecen las reservas y el dólar retrocede
En apenas tres días hábiles, los resultados del nuevo rumbo económico del gobierno de Javier Milei comenzaron a dar señales claras. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) informó que las reservas internacionales pasaron de 36.799 millones de dólares el 15 de abril a 38.612 millones el 16 de abril, una suba de más de 1.800 millones de dólares, sin intervención directa en el mercado de cambios. Paralelamente, el tipo de cambio minorista promedio bajó de $1.233 a $1.179 por dólar, lo que implica una apreciación del peso argentino, un fenómeno impensado hace apenas meses.
Mientras tanto, el mercado bursátil mostró un comportamiento positivo, reflejando una renovada confianza de los inversores. No hay intervención del BCRA ni maniobras forzadas. No hay cepo. No hay anabólicos artificiales. Hay orden, previsibilidad y una premisa básica del liberalismo económico: dejar que los precios —también el del dólar— reflejen la realidad, sin manipulaciones.
Este panorama no es casual. Es el resultado directo de un enfoque radicalmente distinto al que rigió en las últimas décadas. La política monetaria del gobierno de Milei se basa en tres pilares: déficit cero, emisión cero e intervención cero. En lugar de usar al Banco Central como una imprenta de papel sin respaldo, se lo ha transformado en un pilar de disciplina. Se terminó la emisión para financiar el despilfarro. Y se acabaron las intervenciones absurdas para sostener un dólar ficticio a costa de perder reservas genuinas.
El resultado: el mercado lo entiende y responde. Ante la coherencia, hay confianza. Ante la austeridad, hay estabilidad. Y ante la libertad económica, vuelve la inversión.
Este escenario contrasta brutalmente con la herencia que dejó el populismo. Durante años, los gobiernos kirchneristas optaron por manipular el tipo de cambio, imponer cepos, imprimir pesos sin respaldo y construir una economía de papel que estallaba en cada crisis. La intervención estatal asfixiaba la confianza. Las reservas caían sin freno, el dólar libre explotaba y la inflación devoraba salarios. Esa fue la regla. Hoy, la excepción se está convirtiendo en nueva normalidad.
Quienes durante décadas se burlaron del “ajuste liberal” hoy deben reconocer que el ajuste ordenado, ejecutado con firmeza y convicción, puede generar resultados rápidos. En sólo tres días, la macroeconomía empieza a respirar. Se acabó el delirio de la emisión sin freno. Se acabó el relato. Ahora mandan los datos.
El camino es largo, sí. Pero los primeros pasos ya muestran una dirección prometedora. Milei no vino a poner parches ni a administrar una decadencia. Vino a cambiar el rumbo. Y en esa ruta, los primeros efectos del plan liberal están a la vista: más reservas, menos dólar, más confianza.
Ahora la pregunta es: ¿tenemos el coraje de sostenerlo? Porque si esto es lo que se logra en tres días, imaginemos lo que Argentina puede lograr en tres años si no se traicionan los principios.
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