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Acueducto Santa Rosa-Anguil-Uriburu, escenario de las tareas de mantenimiento programadas
La Pampa · 4 min

Otra vez el agua en riesgo: obras en el acueducto pueden dejar barrios sin suministro

Por Redacción Pampa Liberal

Vecinos de barrios que dependen de los Centros de Abastecimiento Norte y Este podrían sufrir baja presión o cortes durante los trabajos programados para este viernes en el sistema pampeano.

Santa Rosa vuelve a quedar al límite con un servicio básico. La Municipalidad informó que este viernes 9 de enero, entre las 9 y las 18 horas, se realizan tareas de mantenimiento preventivo en el Acueducto Santa Rosa–Anguil–Uriburu, una intervención que podría generar baja presión o falta momentánea de agua en distintos sectores de la ciudad. El aviso llega en pleno verano, con consumo alto y con antecedentes recientes que vuelven inevitable la pregunta: ¿por qué el agua siempre está “en riesgo”?

Los trabajos se concentran en el sistema que abastece a los Centros de Abastecimiento Norte (Raúl B. Díaz y Aconcagua) y Este (Favaloro y Scalabrini Ortiz). Según el municipio, se trata de tareas regulares para “garantizar el normal suministro”, especialmente en esta época del año. Sin embargo, la advertencia oficial reconoce que durante la jornada y hacia el final del día podrían registrarse interrupciones temporales y disminución de la presión en los barrios que dependen de esos centros.

La explicación técnica convive con una realidad repetida: cada verano, el agua vuelve a ser noticia por lo que falta, no por lo que sobra. Y cuando el servicio se resiente, el impacto no es abstracto: afecta la vida cotidiana, la higiene, la salud y la actividad económica de miles de vecinos.

El comunicado municipal también buscó poner paños fríos sobre los episodios recientes de turbidez y sedimentos en el agua. Se informó que se recibieron 38 llamados al 147 en días anteriores, vinculados a variaciones de presión que removieron depósitos en cañerías y tanques domiciliarios. La respuesta oficial fue recomendar dejar correr el agua en algunos casos y realizar controles de calidad en otros.

El mensaje intenta normalizar una situación que no debería ser normal. Porque si bien los cambios de presión pueden explicar sedimentos, la frecuencia de estos episodios vuelve a dejar expuesta la fragilidad del sistema urbano. Que el agua “pueda usarse para riego” cuando sale turbia es un consuelo pobre para una ciudad que necesita agua potable garantizada, no explicaciones reiteradas.

Santa Rosa se abastece por dos vías: el Acueducto del Río Colorado, operado por Aguas del Colorado, y el Acueducto Santa Rosa–Anguil, con 75 perforaciones de agua subterránea. En ambos casos, el municipio asegura que hay controles de calidad en cada etapa y análisis diarios antes de la distribución.

El problema no parece estar en la existencia de controles, sino en la capacidad del sistema para sostener presión, calidad y continuidad cuando la demanda sube o cuando se realizan tareas de mantenimiento. Cada intervención programada vuelve a poner a la ciudad en estado de alerta, como si el margen operativo fuera siempre mínimo.

Como en cada episodio, el municipio pidió a los vecinos no llenar piletas, no lavar vehículos, limpiar tanques domiciliarios y no cerrar llaves de paso ante bajas de presión. También volvió a centralizar reclamos en el 147.

Son recomendaciones conocidas. Demasiado conocidas. Lo que falta es una discusión de fondo sobre infraestructura, inversión y planificación a largo plazo. Porque cuando el servicio más elemental depende de que los vecinos “acompañen” y “comprendan”, el problema deja de ser coyuntural y pasa a ser estructural.

El mantenimiento del acueducto puede ser necesario. Nadie discute eso. Lo que sí se discute —y con razón— es por qué cada obra preventiva se traduce en riesgo de escasez, y por qué la normalidad del servicio siempre parece provisoria.

Santa Rosa vuelve a vivir a aviso de corte, con comunicados que piden paciencia y hábitos responsables. Pero la paciencia no reemplaza a la infraestructura, y los hábitos no compensan años de decisiones que dejaron al sistema sin margen.

Otra vez el agua está en riesgo.
Y cuando lo básico falla con tanta frecuencia, el problema ya no es el verano. Es la gestión.

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