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Promulgación de la ley que busca garantizar derechos a personas con discapacidad
La Pampa · 3 min

Ley de Discapacidad: se promulga, pero el desafío es financiar sin despilfarro

Por Redacción Pampa Liberal

El Gobierno nacional confirmó la promulgación de la Ley de Discapacidad, aunque el jefe de Gabinete Guillermo Francos aclaró que su implementación dependerá de definir fuentes claras de financiamiento.

La reciente confirmación de la promulgación de la Ley de Discapacidad por parte del Gobierno nacional, aunque condicionada a la definición de su financiamiento, marca un paso responsable y necesario en la agenda pública. En un contexto donde la política suele estar salpicada de gestos demagógicos que solo inflan un Estado ya ineficiente, la decisión de no instrumentar automáticamente la ley sin antes asegurar recursos claros refleja una postura madura que prioriza la sustentabilidad sobre el populismo barato.

Esta ley, a primera vista, representa un avance en la garantía de derechos para personas con discapacidad, un sector que merece todo el apoyo posible. Sin embargo, la clave está en cómo se implementa y financia esa asistencia. Un Estado que se expande sin control genera más problemas que soluciones: clientelismo, parches oportunistas y beneficios otorgados sin rigurosidad terminan desbordando a las arcas públicas y, en última instancia, perjudicando a todos, incluidos los propios beneficiarios de estas políticas. Por eso, el jefe de Gabinete Guillermo Francos dejó en claro que no alcanza con promulgar leyes con buenas intenciones si después no se definen fuentes claras y responsables de financiamiento. No es viable —ni justo— echar mano de otros sectores vulnerables, como los jubilados, para sostener nuevas erogaciones sin un orden financiero ajustado a la realidad.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó que esta ley podría aumentar el número de beneficiarios en casi un millón de personas, con un impacto fiscal millonario que ronda hasta el 0,42% del PBI. Si este gasto se maneja a la ligera, sin una reforma profunda que garantice eficiencia y transparencia, estaremos pavimentando el camino hacia un Estado gigantesco y poco viable, que obliga a la imposición de impuestos cada vez más altos y ahoga la iniciativa privada, verdadera generadora de progreso y desarrollo.

El desafío, entonces, no es solo cumplir con la ley, sino hacerlo con inteligencia liberal: respetando la propiedad privada, evitando clientelismos disfrazados y promoviendo un Estado limitado que funcione como un árbitro eficiente, no como un benefactor que se sobrecarga y termina siendo insostenible. Garantizar derechos no está reñido con controlar el gasto público ni con exigir mecanismos que aseguren que quien recibe asistencia lo haga en condiciones justas y fundamentadas.

La responsabilidad que muestra este Gobierno al no caer en la tentación de la demagogia debe ser valorada y fortalecida. El camino para que la Ley de Discapacidad sea una herramienta eficaz y perdurable pasa por un diseño financiero sensato y la depuración de un sistema que no puede seguir siendo un parche infinito. En definitiva, lo que está en juego es nuestra libertad: la libertad del Estado para existir sin sobrepasar sus límites, y la libertad de cada argentino para vivir en una sociedad donde cada peso público se gaste con transparencia y eficiencia.

Solo así, con una administración austera, rigurosa y respetuosa de los principios liberales, podremos asegurar que nuestros compatriotas con discapacidad reciban el apoyo que merecen, sin hipotecar el futuro de todos. No hay derechos duraderos sin responsabilidad fiscal; no hay solidaridad sin eficiencia. La elección está clara y este gesto del Gobierno nacional marca un camino que merece ser acompañado con compromiso y honestidad intelectual.

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