Saltar al contenido
ajuste en programas sociales y aumento del boleto en la provincia de Buenos Aires
Nacionales · 4 min

Kicillof descubrió la motosierra: recorta ayuda alimentaria, sube el boleto y rompe récord de pauta

Por Redacción Pampa Liberal

El gobierno bonaerense suspendió por 90 días la entrega de módulos alimentarios a 2,1 millones de familias, mientras autoriza un nuevo aumento del boleto de transporte.

Mientras el gobernador bonaerense suspende por 90 días un programa de módulos alimentarios y autoriza otro aumento del transporte, su administración mantiene un gasto millonario en publicidad oficial. El “Estado presente” apareció donde más le conviene: en el relato.

Axel Kicillof acaba de dejar expuesta una verdad incómoda para el kirchnerismo: el problema nunca fue el ajuste. El problema era quién lo hacía.

Durante años, el gobernador bonaerense construyó su discurso alrededor de una idea simple: de un lado, el “Estado presente”; del otro, la “motosierra”. Sin embargo, cuando las cuentas de la provincia empezaron a crujir, Kicillof hizo exactamente lo que decía combatir: recortó.

La diferencia es dónde eligió pasar la motosierra.

El gobierno de la provincia de Buenos Aires resolvió suspender por 90 días la entrega del Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria, conocido como programa MESA, que distribuía alimentos básicos a cerca de 2,1 millones de familias con hijos en escuelas públicas. La caja incluía productos como aceite, arroz, harina, leche, legumbres, tomate triturado, arvejas y otros alimentos esenciales.

La decisión fue presentada como parte de un reordenamiento fiscal. Según la información publicada, el programa tenía un costo mensual estimado de entre $28.000 y $30.000 millones, una cifra pesada para una provincia con fuerte presión sobre sus cuentas.

Hasta ahí, el debate podría ser honesto: si no hay plata, hay que ordenar prioridades. El problema es que las prioridades de Kicillof empiezan a verse demasiado claras.

Porque al mismo tiempo que suspende ayuda alimentaria, la administración bonaerense autorizó un aumento del 11,16% en las líneas de colectivos provinciales y municipales del conurbano. El ajuste llevó el boleto mínimo en el Gran Buenos Aires a $968,57 para usuarios con SUBE registrada, mientras que en Gran La Plata el mínimo pasó a $1.054,87.

Es decir: menos refuerzo alimentario para familias vulnerables y transporte más caro para millones de bonaerenses que necesitan viajar todos los días para trabajar, estudiar o moverse dentro de una provincia cada vez más costosa.

Pero el dato que vuelve todo más obsceno es otro: la pauta oficial.

Mientras se corta comida y se encarece el boleto, el gobierno de Kicillof sostuvo durante 2025 un gasto multimillonario en publicidad oficial. Chequeado relevó resoluciones oficiales y calculó que la pauta bonaerense alcanzó los $58.300 millones en 2025, con un aumento real del 63% respecto de 2024. Otros relevamientos, como el citado por La Derecha Diario, elevan la cifra a $62.450 millones, según la metodología utilizada.

Ahí aparece la postal completa: el gobernador que denuncia la motosierra nacional suspende ayuda alimentaria, sube el boleto y mantiene una maquinaria publicitaria de decenas de miles de millones de pesos.

No es austeridad. Es selección política del gasto.

Porque cuando un gobierno recorta, muestra qué considera prescindible y qué considera intocable. En la provincia de Buenos Aires, la ayuda alimentaria puede esperar. El bolsillo del pasajero puede aguantar. Pero el relato no se toca.

La contradicción es brutal. El kirchnerismo construyó su identidad política acusando a sus adversarios de abandonar a los más vulnerables. Sin embargo, cuando le toca administrar una provincia gigantesca, con problemas estructurales de pobreza, inseguridad, educación y transporte, termina haciendo lo mismo que denuncia, pero sin asumirlo.

Ajuste sin decir ajuste.
Motosierra sin llamarla motosierra.
Propaganda con discurso social.

Y ese es el punto central: el debate no es si el Estado debe revisar gastos. Claro que debe hacerlo. Ninguna administración seria puede gastar indefinidamente como si los recursos fueran infinitos. La pregunta real es otra: ¿por qué Kicillof ajusta primero sobre un programa alimentario y no sobre la estructura política, la burocracia, la pauta o los privilegios?

La respuesta duele porque es simple: porque el relato también es poder.

La pauta oficial no es solo publicidad. Es influencia. Es blindaje mediático. Es capacidad de instalar agenda, comprar simpatías, premiar amigos y castigar enemigos. En una provincia donde el oficialismo gobierna hace décadas buena parte del aparato territorial, la comunicación pública no funciona únicamente como información: funciona como conservación de poder.

Por eso la imagen política es tan potente. Kicillof descubrió la motosierra, pero no para cortar el gasto inútil del Estado. La usó donde menos costo político interno le genera y donde más impacto social produce.

Mientras tanto, el gobernador seguirá diciendo que defiende a los bonaerenses del ajuste. Pero los hechos cuentan otra historia: cuando tuvo que elegir, eligió recortar ayuda alimentaria, aumentar el boleto y sostener una pauta oficial récord.

El “Estado presente” volvió a aparecer.

Pero no en la mesa de las familias.
No en el bolsillo del trabajador que toma el colectivo.
No en la vida cotidiana del bonaerense común.

Apareció en la propaganda.

Y eso, más que una contradicción, es una confesión.

Comentarios 1

Seguí leyendo

Ver todo