España cayó 20 puestos en el ranking mundial de seguridad para las mujeres bajo el gobierno de Sánchez
España dejó de figurar entre los países mejor posicionados del mundo en materia de seguridad, inclusión y justicia para las mujeres. Según el Women, Peace and Security Index 2025/26, elaborado por el Georgetown Institute for Women, Peace and Security, el país pasó del puesto 5 en la edición 2017/18 al puesto 25 en la edición 2025/26. La caída es de 20 lugares y coincide con los años de gobierno de Pedro Sánchez, que llegó a la presidencia en junio de 2018.
El dato no es menor. En la edición 2017/18, España aparecía en la elite global del índice, solo por detrás de los países mejor evaluados en desempeño general. En la edición más reciente, ya quedó fuera de ese lote de punta y por detrás de países como Estonia, Singapur y Emiratos Árabes Unidos.
El punto central es que no se trata de un ranking marginal. El Women, Peace and Security Index es uno de los indicadores internacionales más citados para medir la situación de las mujeres a partir de tres dimensiones amplias: inclusión, justicia y seguridad. Entre sus indicadores considera variables como seguridad en la comunidad, violencia de pareja, discriminación legal, empleo, representación parlamentaria, inclusión financiera y acceso a celular, entre otras.
Por eso el retroceso español tiene peso político. No habla solo de percepción. Habla de un deterioro relativo en la posición internacional de un país que durante años fue presentado por el progresismo europeo como ejemplo de políticas públicas “avanzadas” en materia de género.
El contraste es particularmente incómodo para el gobierno socialista de Sánchez porque su discurso público estuvo fuertemente apoyado en la agenda feminista, la ampliación simbólica de derechos y la centralidad institucional del tema. Sin embargo, cuando se observa el indicador agregado, España no mejoró su posición global: la empeoró.
Esto no significa, por sí solo, que cada una de las causas del descenso pueda atribuirse linealmente a una sola decisión de gobierno. El índice no fue diseñado para establecer causalidad política directa sobre una medida puntual. Lo que sí muestra con claridad es otra cosa: bajo la gestión de Sánchez, España perdió terreno comparativo en un ranking internacional que justamente evalúa el bienestar y la seguridad de las mujeres.
Y ahí aparece la discusión de fondo.
Durante años, buena parte de la izquierda europea intentó instalar la idea de que el progreso en materia de mujeres se mide casi exclusivamente por la intensidad del discurso, la producción legislativa simbólica o la ocupación del debate público por determinadas consignas. Pero la realidad institucional es más dura que el marketing ideológico: si un país cae veinte puestos en un índice global de referencia, algo no está funcionando como se prometía.
El problema para Sánchez es que el retroceso no puede esconderse detrás de consignas. España ya no está donde estaba. Pasó de ser mostrada como un caso de excelencia a quedar bastante más abajo en la tabla internacional.
La enseñanza política es bastante clara. No alcanza con construir un relato progresista alrededor de la protección de las mujeres si después los indicadores generales muestran deterioro. La distancia entre discurso y resultados termina apareciendo tarde o temprano.
En definitiva, el dato golpea en un terreno especialmente sensible para el socialismo español. Porque no se trata de economía, déficit o crecimiento, donde la izquierda suele buscar culpables externos. Se trata de un área que el propio sanchismo convirtió en bandera política.
Y hoy esa bandera choca con un número incómodo: España cayó del 5 al 25 en el ranking global de mujeres. Bajo el gobierno de Sánchez, el país retrocedió veinte puestos en uno de los índices internacionales más importantes sobre seguridad, inclusión y justicia femenina.
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