El dictador Díaz-Canel dijo que Cuba tiene ‘disposición para dialogar con el gobierno de EEUU’
El régimen habanero condicionó cualquier acercamiento a que no existan 'presiones' ni 'exigencias' por parte de Washington, mientras Cuba enfrenta apagones, falta de combustible y una crisis social cada vez más profunda.
El dictador Miguel Díaz-Canel volvió a ensayar el libreto más viejo del castrismo: pedir diálogo con Estados Unidos “en condiciones de igualdad” y “sin presiones”, como si el problema de Cuba fuera la falta de cortesía diplomática y no un régimen que lleva décadas destruyendo libertades, persiguiendo opositores y administrando la miseria como método de control social.
En un discurso transmitido por la televisión estatal, Díaz‑Canel afirmó que La Habana tiene “capacidad y disposición para dialogar con el gobierno de Estados Unidos”, pero enseguida puso condiciones: nada de presiones, nada de exigencias, nada que implique pagar costos reales. Es la clásica maniobra del régimen cuando se queda sin aire: presentarse como “razonable” ante el mundo mientras intenta comprar tiempo y oxígeno financiero para seguir sosteniendo la maquinaria represiva.
La diferencia hoy es que el castrismo negocia desde un lugar de fragilidad inédita. Cuba atraviesa una crisis económica y energética profunda, con apagones constantes, falta de combustibles y una situación social cada vez más explosiva. El derrumbe del sostén venezolano dejó a La Habana sin su muleta principal. Y cuando un sistema que vive de subsidios externos se queda sin padrino, lo único que le queda es mendigar acuerdos.
En ese contexto, la jugada de Díaz‑Canel no es “pragmatismo”, es necesidad. El propio dictador lo dejó entrever al admitir que la isla deberá salir de la crisis “por nosotros mismos”, una frase que choca con décadas de dependencia. Es el reconocimiento implícito de que el modelo socialista fracasó y que ya no hay a quién culpar sin que se note demasiado el ridículo.
Del lado estadounidense, Donald Trump confirmó que existen conversaciones con las más altas esferas del régimen cubano y se mostró confiado en alcanzar un acuerdo. A la vez, fue contundente: Cuba “no podrá sobrevivir” sin el apoyo venezolano y es una “nación fallida” al borde del colapso.
En paralelo, trascendieron versiones sobre contactos secretos y negociaciones indirectas para destrabar fondos vinculados a remesas. Se habla de unos 133 millones de dólares que el régimen querría utilizar para comprar combustible. Y ahí aparece la pregunta clave: ¿para qué quiere el castrismo esos dólares? ¿Para liberar presos políticos, abrir elecciones y garantizar derechos? No: para sostener el aparato, evitar el colapso y seguir controlando.
Mientras tanto, el Departamento de Estado de Estados Unidos exigió el fin inmediato de la represión. Y ese es el punto que Díaz‑Canel intenta esquivar: el problema de Cuba no es “la falta de respeto” en una mesa de diálogo, sino un régimen que no tolera oposición, no permite libertad económica y reprime para sobrevivir.
Si el castrismo realmente quiere diálogo, que empiece por lo básico: liberar presos políticos, permitir la prensa independiente, habilitar partidos opositores, garantizar elecciones libres y respetar la propiedad. Sin eso, cualquier “acuerdo” será solo un salvataje al régimen, otra transferencia de recursos para que el sistema agonice un poco más mientras el pueblo sigue empobrecido y vigilado.
La Habana no está ofreciendo diálogo: está ofreciendo supervivencia. Y Estados Unidos, si pretende que Cuba sea libre de verdad, debería evitar el error histórico de salvar a la dictadura con oxígeno financiero sin exigir reformas concretas y verificables. Porque la libertad no se negocia con el dictador en términos “sin presiones”. Se conquista cuando la presión cae donde tiene que caer: sobre el régimen, no sobre el pueblo.
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