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Militantes peronistas debatiendo su salida del PJ hacia Fuerza Pampa
La Pampa · 4 min

El régimen del miedo: peronistas quieren abandonar el PJ, pero temen que les “compliquen la vida”

Por Redacción Pampa Liberal

Fuerza Pampa presentó 1.600 afiliaciones y casi 300 corresponderían a personas provenientes del Partido Justicialista. Sin embargo, desde el nuevo espacio admitieron que debieron rechazar más incorporaciones ante el temor de que quienes abandonaran la estructura oficialista sufrieran posibles consecuencias.

Durante décadas, la oposición pampeana convivió con una sospecha difícil de demostrar, pero todavía más difícil de ignorar: enfrentarse al poder podía tener un costo.

Ahora, por primera vez, ese temor parece haber atravesado las paredes del propio peronismo.

Fuerza Pampa, el partido impulsado por Manuel Feito junto con Gustavo Pérez, César Ortiz y Pablo Ferrero, presentó este lunes 27 de julio sus primeras 1.600 fichas ante el Tribunal Electoral provincial. Las afiliaciones fueron recolectadas en apenas quince días y alcanzaron a vecinos de 42 localidades.

El número ya representa un golpe político para la conducción del PJ. Pero detrás de la fotografía y los festejos apareció un dato mucho más explosivo: casi 300 de los nuevos afiliados provendrían directamente de las filas justicialistas.

No se trata solamente de dirigentes que buscan acomodarse frente a 2027. Son militantes y afiliados que, aparentemente, ya no se sienten representados por un partido acostumbrado a confundir unidad con obediencia.

Sin embargo, la fuga podría haber sido todavía mayor.

Desde el entorno de Fuerza Pampa reconocieron ante El Diario que decidieron ponerles un freno a algunos peronistas que pretendían sumarse:

“Hemos rechazado a compañeros que venían del PJ para no complicarles la existencia, porque sabemos que después se les complica la vida”.

La frase es demoledora.

¿Quién podría “complicarles la vida”? ¿La conducción partidaria? ¿Los intendentes? ¿Los funcionarios provinciales? ¿Aquellos que administran empleos, contratos, subsidios y oportunidades desde un Estado gobernado por el mismo espacio político desde hace más de cuatro décadas?

Todavía no existe una denuncia formal que identifique amenazas concretas ni a los presuntos responsables. Pero el miedo reconocido públicamente ya constituye un hecho político que el PJ pampeano debería explicar.

Porque nadie rechaza una afiliación para proteger a una persona cuando cambiar de partido es un acto completamente libre y sin consecuencias.

El miedo no siempre necesita una amenaza escrita. A veces alcanza con conocer cómo funciona el sistema. Con saber quién decide una contratación, quién renueva un puesto, quién distribuye recursos y quién puede cerrar una puerta.

Eso es precisamente lo que distintos sectores de la oposición pampeana vienen señalando desde hace años: la dificultad de competir contra una estructura que no solamente conduce el Gobierno provincial, sino que extiende su influencia sobre buena parte de la vida económica, institucional y social de La Pampa.

Durante mucho tiempo, el peronismo miró esas advertencias desde arriba. Las minimizó, las ridiculizó o las presentó como excusas de quienes no podían derrotarlo electoralmente.

Ahora son los propios peronistas quienes sienten temor de abandonar el partido.

Por fin empiezan a experimentar lo que durante décadas sintieron comerciantes, empleados públicos, contratados, dirigentes sociales y ciudadanos que debían calcular cuidadosamente cuánto podía costarles enfrentarse al poder provincial.

La ironía es brutal: un movimiento que se presenta como defensor de los trabajadores tiene militantes preocupados por las consecuencias que podrían sufrir si eligen libremente otra representación política.

Fuerza Pampa aseguró, además, que agotó las planillas disponibles y solicitó un nuevo lote para continuar con la campaña de afiliación. Sus referentes afirman que todavía existen muchas personas esperando para incorporarse. La pregunta inevitable es cuántas otras quisieron hacerlo y retrocedieron por miedo.

El problema del PJ ya no parece reducirse a una interna entre candidatos. Existe una fractura entre una conducción que pretende conservar el control y una parte de su base que busca otra salida sin abandonar completamente la identidad peronista.

El aparato comienza a perder afiliados. Pero, según surge del propio armado disidente, todavía conservaría algo quizá más poderoso que la adhesión: el miedo a marcharse.

Si la conducción justicialista considera falsa esta versión, debería repudiar públicamente cualquier represalia, garantizar que ningún afiliado sufrirá consecuencias por cambiar de partido y exigir que se identifiquen los hechos concretos.

El silencio solamente alimentará las sospechas.

Después de más de cuarenta años controlando la provincia, el PJ pampeano enfrenta una crisis que no puede ocultarse detrás de comunicados de unidad. Casi 300 personas provenientes de sus filas ya se sumaron a Fuerza Pampa y otras, según reconocieron desde el nuevo espacio, habrían quedado afuera para evitarles problemas.

La estructura que durante décadas disciplinó hacia afuera comienza a quebrarse desde adentro.

Y esta vez, el miedo cambió de vereda.

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