Ferrán y Lichy Marín: antes de discutir el DNU, expliquen a qué quieren volver
Con la sesión convocada para tratar el rechazo al DNU 70/2023, todavía resta saber si la oposición conseguirá el quórum. Pero la pregunta política ya está planteada: qué alternativa ofrecen quienes buscan desarmar las reformas y qué resultados pueden mostrar los dirigentes que defienden las recetas del pasado. En La Pampa, Ferrán y Lichy Marín tienen bastante para explicar.
La oposición se prepara para intentar avanzar contra el DNU 70/2023 de Javier Milei. Al momento de publicar este artículo, la sesión todavía no comenzó y no está definido si reunirá el quórum necesario para habilitar el tratamiento.
El resultado parlamentario está abierto. La discusión política, en cambio, no necesita esperar al tablero del recinto.
Quienes impulsan el rechazo deben explicar algo más que sus diferencias con el Presidente. Deben decir qué proponen, qué cambios buscan revertir y cómo responderían a los ciudadanos que necesitan trabajar, alquilar, invertir o sacar adelante un comercio.
Reunir voluntades contra un gobierno puede servir para una sesión. Para gobernar hace falta un programa.
La pregunta que Ferrán y Lichy Marín deberían responder
En La Pampa, esa discusión tiene una traducción concreta. Ferrán y Lichy Marín pueden cuestionar el rumbo nacional. Lo que corresponde exigirles, como dirigentes del peronismo, es que expliquen cuál es el rumbo que defienden y qué balance hacen de su propio espacio.
¿A qué quieren que volvamos?
La pregunta no es una consigna. Es una exigencia de rendición de cuentas.
Cuando se reivindica un modelo político, también se asume la responsabilidad de explicar sus resultados. No alcanza con recordar sus promesas, repetir sus banderas o señalar los problemas del adversario.
Hay que hablar de las oportunidades que encuentra un joven para construir su futuro en la provincia. De las respuestas que recibe una familia cuando necesita atención sanitaria. De la seguridad que reclama un comerciante. De la atención en salud mental. Del estado de las rutas y de las prioridades del presupuesto.
Es ahí donde el discurso sobre un Estado presente debe someterse a una prueba sencilla: qué respuesta concreta recibió el ciudadano.
Pensar en el otro exige algo más que decirlo
El peronismo hizo de la preocupación por el otro una de sus principales credenciales políticas. Precisamente por eso, corresponde juzgarlo con la vara que eligió para presentarse ante la sociedad.
Pensar en el otro significa ordenar las prioridades alrededor de quien necesita un servicio. Significa revisar qué funciona, corregir lo que falla y explicar por qué se destinan recursos a una estructura mientras persisten necesidades sin resolver.
Una oficina ocupada no demuestra que un problema esté atendido. Un cargo creado no equivale a una prestación mejor. Un anuncio tampoco reemplaza un resultado.
La presencia estatal no debería medirse por la cantidad de escritorios, sino por la capacidad de resolver aquello que justifica su existencia.
Desde la mirada de Pampa Liberal, el balance político de estos cuatro años merece una definición severa: fue el peor gobierno peronista de la historia pampeana. Es un juicio editorial sobre sus prioridades y su distancia respecto de las necesidades que decía representar.
La gravedad de ese balance está, justamente, en la contradicción. Un espacio que pide reconocimiento por su sensibilidad social debe aceptar que se lo cuestione cuando esa sensibilidad no se traduce en respuestas.
Rechazar una reforma también obliga a explicar la alternativa
El DNU 70/2023 modificó reglas en distintos sectores de la economía. Su discusión merece precisión: cada cambio puede ser examinado, defendido o cuestionado por sus efectos.
Pero una propuesta de rechazo no se vuelve suficiente por reunir dirigentes que comparten un adversario.
¿Qué disposiciones consideran perjudiciales? ¿Qué reglas pondrían en su lugar? ¿Cómo evitarían reproducir los problemas que las reformas buscaron corregir?
Son preguntas elementales para quienes pretenden intervenir sobre decisiones que afectan la vida cotidiana.
También corresponde distinguir las responsabilidades. El debate nacional sobre un decreto, la gestión provincial y las decisiones municipales pertenecen a ámbitos diferentes. Esa diferencia no impide discutir el criterio político que los atraviesa: cuánto espacio se deja a la iniciativa del ciudadano y cuánto se reserva a la decisión de la estructura estatal.
Ferrán y Lichy Marín deberían explicar dónde se ubican en esa discusión. Con propuestas que puedan evaluarse y resultados que puedan defenderse.
Los bolardos y una forma de entender la gestión
En Santa Rosa, los bolardos ofrecen una imagen particularmente eficaz para la sátira política: una intervención urbana convertida en símbolo del obstáculo.
No reemplazan un balance completo de gobierno. Pero permiten formular, con ironía, una crítica que excede al mobiliario de una ciudad.
Cuando el ciudadano pide que le faciliten la vida, la política debería poder mostrar caminos abiertos. Cuando pide oportunidades, debería recibir algo más que instrucciones para seguir esperando.
Por eso, en el balance satírico de estos cuatro años, el premio al único logro queda reservado a los bolardos: la representación perfecta de una gestión a la que le reprochamos haber encontrado más facilidad para poner obstáculos que para removerlos.
El vecino esquivando problemas. El poder inaugurándolos.
Antes de pedir otra oportunidad, rindan cuentas
Todavía no sabemos si la oposición reunirá el quórum para tratar el rechazo al DNU. Tampoco corresponde anticipar el resultado de una votación que aún no ocurrió.
Lo que sí podemos exigir, desde ahora, es una explicación política.
Ferrán y Lichy Marín: si defienden otro modelo, descríbanlo. Si reivindican estos cuatro años, muestren sus resultados. Si cuestionan las reformas, expliquen cómo resolverían los problemas que siguen pendientes.
El ciudadano no tiene por qué conformarse con elegir entre discursos. Tiene derecho a comparar respuestas.
Y cuando la política vuelve a pedir confianza sin revisar lo que hizo, la calle encuentra una manera más breve de expresar el reproche:
Hermano, date cuenta: nunca pensaron en vos.
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