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Vivienda baleada en Rosario tras un ataque armado que dejó un menor fallecido
La Pampa · 2 min

Dolor e indignación en Rosario: dispararon contra una vivienda y arrasaron una infancia

Por Redacción Pampa Liberal

Rosario volvió a despertarse con una herida abierta. Esta vez, en la calle Camino de los Quinteros al 2.800, donde la violencia irrumpió sin previo aviso en la madrugada del domingo. Eran pasadas la 1:30 de la mañana cuando un grupo de atacantes, aún no identificados, disparó al menos 15 veces contra una vivienda. Dentro de la casa, dos niños miraban videos en un celular. Uno de ellos, Juan Cruz Osuna, de tan solo 13 años, recibió un disparo mortal en el cráneo. Su primo, de 8 años, resultó herido en una pierna. Ambos fueron trasladados de urgencia, pero la vida de Juan Cruz no pudo ser salvada.

El menor herido permanece internado en el hospital de Niños Víctor J. Vilela, bajo cuidados médicos. Según el último parte, se encuentra lúcido y fuera de peligro, aunque bajo estricta observación. El impacto emocional, sin embargo, es incalculable. “Estaban viendo TikTok”, declaró entre lágrimas un familiar, que no logra comprender cómo el horror puede irrumpir en una escena tan cotidiana.

La fiscal Marisol Fabbro, a cargo de la investigación, ordenó el relevamiento de cámaras de la zona y la toma de testimonios. En el lugar se encontraron al menos 15 vainas servidas calibre 9 milímetros. Las primeras hipótesis apuntan a un posible mensaje mafioso dirigido a un mayor de edad que residía allí. Aun así, desde el Ministerio Público remarcan que aún no se descarta ninguna línea investigativa. La Agencia de Investigación Criminal continúa trabajando sin descanso, y fuentes oficiales destacaron que se ha reforzado la presencia policial en el barrio.

Este nuevo episodio de violencia genera un eco doloroso en una ciudad que lleva años conviviendo con el estruendo de las balas. Cada pérdida suma una injusticia que no puede medirse en cifras. Es una infancia interrumpida, una familia quebrada, una comunidad que llora y pregunta por qué.

Rosario sangra, sí. Pero también respira dignidad en cada madre que grita por sus hijos, en cada fiscal que no se rinde, en cada docente que abraza más fuerte al llegar a clase. Tal vez la salida esté en seguir tejiendo esa red de resistencia civil que se niega a acostumbrarse. Porque proteger a nuestros niños no debería ser una consigna: debe ser una promesa que ninguna bala pueda romper.

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