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Debate sobre el financiamiento estatal a la cultura y los subsidios en La Pampa
La Pampa · 5 min

¿Quién es Mariel Schwert?: la “artista independiente” que cobró del Estado y ahora defiende los subsidios

Por Redacción Pampa Liberal

La productora audiovisual, con militancia en La Renovadora Pampeana, salió a cruzar a Adrián Ravier y defendió el financiamiento estatal a la cultura, que según ella benefició a más de 450 familias.

No salió a cruzar a Adrián Ravier una voz ajena a la política ni una outsider del sistema. Salió a defender el financiamiento estatal de la cultura una dirigente con militancia massista, paso por cargos públicos y antecedentes en programas culturales sostenidos por el Estado.

La discusión que intentó instalar Mariel Schwert en su cruce con Adrián Ravier no fue solo sobre arte. Fue, sobre todo, sobre poder, financiamiento y relato. La nota de El Diario de La Pampa la presenta como “productora audiovisual independiente y militante política”, y la muestra defendiendo con fuerza el rol del Estado en la cultura, al punto de sostener que los programas de financiamiento oficial alcanzaron a “más de 450 familias” del sector. Esa definición ya contiene la clave del debate: no habló una observadora neutral, habló una militante que reivindica el sostén estatal como parte central de su visión política.

Ese dato importa porque Schwert no aparece de la nada ni se mueve por fuera de la estructura partidaria. En julio de 2020, La Arena la ubicó dentro de La Renovadora Pampeana, el espacio vinculado al massismo, y la describió además como colaboradora de la diputada provincial Lilia Caimari. Más tarde, el mismo diario la mostró participando como la única representante pampeana en un encuentro convocado por Sergio Massa, ya en su rol de coordinadora patagónica de la CNRT. Es decir: su intervención pública no nace en una supuesta independencia del mundo cultural, sino en una trayectoria donde política, gestión y militancia vienen entrelazadas desde hace años.

También está documentado su paso por el Estado nacional. En noviembre de 2020, Plan B Noticias informó que Schwert asumió como delegada regional de la CNRT para la Patagonia. Esa presencia no quedó congelada en una sola nota: páginas oficiales de Argentina.gob.ar la muestran en 2021 y 2022 actuando como representante de la CNRT en mesas interinstitucionales, actos públicos y reuniones con autoridades nacionales. En otras palabras, no estamos frente a alguien que simplemente opina sobre el Estado desde afuera: estamos frente a alguien que formó parte de su estructura.

Hay, además, otro rastro estatal menos visible pero igual relevante en el plano local. El Boletín Oficial de La Pampa, en una separata de declaraciones juradas patrimoniales, consigna a Mariel Schwert como “Auxiliar de Bloque” de la Cámara de Diputados provincial, en situación de “cese”. Esa publicación no permite calcular cuánto cobró ni reconstruir toda su trayectoria administrativa, pero sí confirma que también tuvo inserción en la estructura legislativa provincial. Esto importa porque rompe el personaje de la “artista independiente” presentada como si no tuviera vínculos con la política profesional.

En el terreno cultural, tampoco se trata de una figura ajena a esquemas de apoyo estatal. En 2015, El Diario de La Pampa informó que su proyecto “Telón Abierto” fue uno de los seleccionados por “Canal 3 para todos”, un concurso público orientado a financiar producciones audiovisuales locales. Ese antecedente no demuestra, por sí solo, un privilegio ilegítimo. Pero sí muestra algo más concreto: Schwert no solo defiende teóricamente el financiamiento estatal a la cultura, sino que también participó de programas sostenidos por recursos públicos.

Incluso cuando se observa su trabajo en la productora “Gente del Medio”, el patrón vuelve a aparecer. La Arena la mencionó como una de las responsables de esa productora local, y en 2021 el mismo diario informó que uno de sus documentales sobre la pandemia se realizó con permiso del Ministerio de Salud de La Pampa. Eso no equivale automáticamente a subsidio ni a contratación estatal, y sería intelectualmente deshonesto afirmarlo sin prueba. Pero sí refuerza una constante: Schwert no habla desde un universo enteramente separado del Estado, sino desde una trayectoria donde la articulación con lo público fue frecuente.

Ahí está el punto que el discurso progresista intenta disolver. Nadie discute que existan artistas que trabajan, producen y arriesgan. El problema empieza cuando se pretende presentar como “cultura independiente” lo que en muchos casos funciona en estrecha relación con la política, la gestión y el financiamiento estatal. Cuando Schwert sale a cruzar a Ravier, no lo hace solo una creadora defendiendo su oficio: lo hace una militante con antecedentes partidarios, con paso por cargos públicos y con experiencia en programas culturales financiados por el Estado. Eso cambia por completo la lectura del episodio.

También conviene no exagerar donde todavía no hay prueba suficiente. Hasta ahora no aparece en abierto un detalle completo que permita calcular cuánto percibió en total por sus cargos o cuánto dinero recibió personalmente en distintos programas. Esa ausencia impide poner un número serio sin caer en panfleto. Pero una cosa sí está acreditada: Schwert tuvo funciones dentro del aparato estatal y hoy usa su voz pública para defender la continuidad de un modelo donde el Estado financia, organiza y condiciona buena parte de la vida cultural. Esa contradicción, por sí sola, ya es políticamente relevante.

Por eso la discusión de fondo no es arte contra antiarte. Tampoco sensibilidad contra mercado. La discusión real es otra: si la cultura va a seguir siendo un espacio de libertad, creatividad y esfuerzo propio, o si va a continuar atrapada en la lógica de la militancia subsidiada, donde los mismos que pasan por cargos públicos después se presentan como voceros espontáneos de la “independencia” cultural. El problema no es el arte. El problema es la política disfrazada de cultura.

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