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Cristina Fernández de Kirchner frente a su domicilio con custodia tras intimación judicial por su arresto domiciliario.
Nacionales · 4 min

Prisión domiciliaria, no acto militante: la Justicia intimó a Cristina Kirchner

Por Redacción Pampa Liberal

El juez Rodrigo Giménez Uriburu advirtió a la expresidenta por una bandera gigante colocada desde su balcón.

La Justicia federal volvió a marcarle la cancha a Cristina Fernández de Kirchner. El Tribunal Oral Federal N°2 intimó a la expresidenta a cumplir con las condiciones de su prisión domiciliaria luego del despliegue de una bandera gigante desde el balcón del departamento donde cumple su condena por la causa Vialidad.

El episodio volvió a dejar en evidencia una costumbre del kirchnerismo: transformar cada límite institucional en una puesta en escena militante. Pero esta vez la Justicia fue clara. La prisión domiciliaria no es un comité de campaña, no es una unidad básica y mucho menos un balcón presidencial reciclado para sostener el relato de la proscripción.

Según la resolución judicial, la bandera fue colocada mediante cables tensores desde un edificio ubicado enfrente hasta el balcón del domicilio de Cristina Kirchner, en San José 1111. Para el tribunal, no se trató simplemente de una manifestación externa de militantes, sino de una acción en la que la propia condenada habría tenido participación activa, utilizando su vivienda de arresto como punto de anclaje.

Ese detalle cambió el escenario. Hasta ahora, las concentraciones kirchneristas frente al departamento eran parte del folclore político que rodea a la expresidenta desde que cumple la pena bajo modalidad domiciliaria. Pero cuando el domicilio donde se ejecuta la condena pasa a formar parte física de una instalación militante, la cuestión deja de ser una expresión política y empieza a ser un posible incumplimiento de las reglas impuestas por la Justicia.

Cristina Kirchner fue condenada en la causa Vialidad a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Por su edad, cumple la pena en su domicilio. Pero ese beneficio no significa libertad política plena ni habilita a convertir el lugar de detención en un escenario de campaña.

La resolución recordó que una de las condiciones establecidas era abstenerse de adoptar comportamientos que pudieran perturbar la tranquilidad del vecindario o alterar la convivencia pacífica. La instalación de una bandera de gran tamaño, atravesando la calle y el espacio aéreo público, fue considerada riesgosa para vecinos, peatones, conductores y usuarios de la vía pública.

Además, el tribunal señaló que este tipo de estructuras puede requerir autorización administrativa. Es decir, no solo se trató de una provocación política, sino también de una maniobra que pudo haber comprometido normas básicas de seguridad urbana.

El mensaje de fondo es simple: una persona condenada debe cumplir las reglas. No importa si se llama Cristina Kirchner, si fue presidenta o si todavía conserva influencia sobre una parte del peronismo. La igualdad ante la ley empieza justamente cuando el poder deja de funcionar como privilegio.

El kirchnerismo intenta instalar la idea de persecución judicial cada vez que la Justicia actúa. Pero lo cierto es que Cristina no está en prisión domiciliaria por sus ideas, ni por sus discursos, ni por su militancia. Está condenada por administración fraudulenta en perjuicio del Estado en una causa vinculada a la obra pública.

La épica del balcón busca tapar ese dato central. Donde hay condena, ellos hablan de proscripción. Donde hay reglas, ellos denuncian persecución. Donde hay Justicia, ellos montan un acto.

Pero el país cambió. La Argentina que empezó a dejar atrás la impunidad no puede seguir aceptando que los dirigentes condenados se comporten como si todavía estuvieran por encima de todos. La prisión domiciliaria es una modalidad de cumplimiento de pena, no una licencia para sostener poder político desde una ventana.

La intimación judicial es una advertencia. Si Cristina Kirchner vuelve a incumplir las condiciones impuestas, podrían aplicarse nuevas restricciones e incluso revisarse el beneficio de la prisión domiciliaria.

Y ese es el punto que el kirchnerismo no quiere discutir: los beneficios se sostienen con conducta, no con apellido. La Justicia no tiene que pedir permiso a la militancia para hacer cumplir una condena.

Cristina quiso convertir su balcón en tribuna. La Justicia le recordó que está presa.

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