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ilustración sobre un posible giro político de un legislador pampeano hacia la Libertad Avanza
La Pampa · 2 min

Poli Altolaguirre se estaría probando el saco violeta entre bambalinas

Por Redacción Pampa Liberal

Tras el flojo resultado electoral de octubre, el legislador radical dejaría entrever un acercamiento a La Libertad Avanza, en medio de rumores sobre una posible reconfiguración de alianzas en la provincia.

Dicen que en los pasillos de la Legislatura pampeana hay movimiento: Poli Altolaguirre habría sido visto frente al espejo, con un saco violeta en la mano y una ceja levantada, preguntándose si le queda bien. No es un cambio de look: es un cambio de época.

Después del papelón electoral de octubre, donde el radicalismo pampeano cosechó menos votos que un sorteo de cooperadora escolar, Poli parece haber entendido que la libertad no solo se declama —también se abraza. Y si el color de la nueva etapa es el violeta, bueno, habrá que acostumbrarse a dejar el rojo y blanco en el ropero de los recuerdos.

“Tenemos que estar todos juntos”, repite Poli en cada radio como si fuera un mantra. Pero entre líneas se entiende que ya no habla del viejo “frente opositor”, sino de una alianza más audaz: esa que incluye a los que ya se animaron a decir que el Estado no tiene que ser ni papá, ni tío, ni vecino entrometido.

Claro que la transición no es fácil. De tanto tiempo defendiendo un Estado presente, cuesta aceptar que el mejor plan social es el empleo, que el gasto público no se financia con buenos deseos y que los subsidios no crecen en los árboles (aunque en la UCR pareciera que todavía los riegan con discursos).

Pero algo cambió. Poli huele el aire nuevo. Ya no se escucha tanto eso de “el radicalismo tiene que recuperar su identidad”. Quizás porque, si la identidad se quedó pegada en los 80, lo mejor sea reinventarse. Y si el futuro tiene un tono liberal, más vale llegar temprano que seguir esperando que el Estado pague el café.

La escena es casi cinematográfica: Poli frente al espejo, ajustándose el saco violeta, ensayando un discurso donde por fin diga que el mercado no es un cuco, que la libertad no muerde, y que el país no se salva con paritarias eternas ni con planes “por las dudas”.

El público —léase, los votantes— ya cambió de libreto. Aplaude a quienes trabajan, producen y arriesgan. Ya no compra promesas de “presencia estatal”, sino resultados concretos. Así que, querido Poli: no hace falta seguir probándose el saco.
La libertad no se ensaya, se usa.

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