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Obra de bolardos en la semipeatonal de Santa Rosa, cuestionada por falta de transparencia
La Pampa · 5 min

Los bolardos de oro de Di Nápoli: ¿cuánto costó embellecer el ego del intendente?

Por Redacción Pampa Liberal

La obra de la semipeatonal en Santa Rosa incluyó 254 bolardos y superó los $600 millones, pero el municipio no difundió información clara sobre los costos ni las contrataciones.

Santa Rosa necesitaba muchas cosas: agua potable en barrios periféricos, calles sin pozos, cloacas que no rebalsen cada vez que llueve. Pero la gestión del intendente Luciano di Nápoli decidió que la prioridad era otra: ponerle una cinta rosa a la ciudad con una semipeatonal moderna, luces LED, bancos con diseño premium… y bolardos. Muchos bolardos. Doscientos cincuenta y cuatro, para ser precisos.

Instalados en línea, delimitando el nuevo paseo, estos bolardos se convirtieron en el símbolo de una obra que costó más de $600 millones. Pero nadie puede decir exactamente cuánto salió cada uno. El municipio no publicó información clara sobre los costos discriminados. No hay boletines oficiales, ni informes públicos, ni respuestas concretas a los pedidos de acceso a la información. Solo hay versiones y sospechas.

¿Quién los fabricó? ¿Quién los vendió? ¿Cuánto cobró? En los papeles, la obra de la semipeatonal está fragmentada en múltiples contrataciones menores, evitando así una licitación grande que obligaría a más controles y transparencia. Una de las empresas involucradas —según fuentes extraoficiales— sería UrbanMetal S.R.L., una firma que aparece vinculada a obras similares en otras ciudades, pero cuyo contrato en Santa Rosa nunca se publicó formalmente.

Todo huele al clásico modus operandi del estatismo criollo: ocultar bajo la estética los desmanejos. El modelo es conocido. Se infla el precio de lo accesorio, se justifica con palabras como “embellecimiento urbano”, y se contrata a medida sin rendir cuentas. En este caso, los bolardos —esos simples postes metálicos— se transformaron en lingotes urbanos, en símbolos de una gestión que no escatima en gastos cuando se trata de decorar el centro, pero que se hace la distraída con las urgencias reales de la ciudad.

Mientras los vecinos de barrios como Villa Germinal, El Faro o Zona Norte conviven con calles sin asfaltar y servicios deficientes, el municipio se jacta de una peatonal donde los únicos que circulan con comodidad son los bolardos mismos. ¿Qué pasó con la eficiencia del Estado? ¿Dónde quedó la prioridad de atender lo esencial antes que lo ornamental?

La oposición denunció que el gasto fue excesivo y poco claro. Desde el Concejo Deliberante, la concejala Camargo fue directa: “Después de más de 600 millones de pesos, nadie puede decir con exactitud quién cobró qué”. Un dato que debería escandalizar, pero que en la lógica peronista pampeana ya parece una anécdota más.

Esta no es una crítica a embellecer la ciudad. Todo lo contrario: es una denuncia al modelo de gestión que prioriza la estética del poder por encima del control del gasto. Que tapa pozos con pintura, que prefiere la foto en redes a la rendición de cuentas, y que multiplica contrataciones opacas mientras acumula deuda invisible con proveedores o ciudadanos.

Los bolardos de oro de Di Nápoli no solo son metáfora del despilfarro. Son una postal perfecta de lo que fue y sigue siendo el peronismo santarroseño: marketing urbano para pocos, mientras la ciudad se oxida.Santa Rosa necesitaba muchas cosas: agua potable en barrios periféricos, calles sin pozos, cloacas que no rebalsen cada vez que llueve. Pero la gestión del intendente Luciano di Nápoli decidió que la prioridad era otra: ponerle una cinta rosa a la ciudad con una semipeatonal moderna, luces LED, bancos con diseño premium… y bolardos. Muchos bolardos. Doscientos cincuenta y cuatro, para ser precisos.

Instalados en línea, delimitando el nuevo paseo, estos bolardos se convirtieron en el símbolo de una obra que costó más de $600 millones. Pero nadie puede decir exactamente cuánto salió cada uno. El municipio no publicó información clara sobre los costos discriminados. No hay boletines oficiales, ni informes públicos, ni respuestas concretas a los pedidos de acceso a la información. Solo hay versiones y sospechas.

¿Quién los fabricó? ¿Quién los vendió? ¿Cuánto cobró? En los papeles, la obra de la semipeatonal está fragmentada en múltiples contrataciones menores, evitando así una licitación grande que obligaría a más controles y transparencia. Una de las empresas involucradas —según fuentes extraoficiales— sería UrbanMetal S.R.L., una firma que aparece vinculada a obras similares en otras ciudades, pero cuyo contrato en Santa Rosa nunca se publicó formalmente.

Todo huele al clásico modus operandi del estatismo criollo: ocultar bajo la estética los desmanejos. El modelo es conocido. Se infla el precio de lo accesorio, se justifica con palabras como “embellecimiento urbano”, y se contrata a medida sin rendir cuentas. En este caso, los bolardos —esos simples postes metálicos— se transformaron en lingotes urbanos, en símbolos de una gestión que no escatima en gastos cuando se trata de decorar el centro, pero que se hace la distraída con las urgencias reales de la ciudad.

Mientras los vecinos de barrios como Villa Germinal, El Faro o Zona Norte conviven con calles sin asfaltar y servicios deficientes, el municipio se jacta de una peatonal donde los únicos que circulan con comodidad son los bolardos mismos. ¿Qué pasó con la eficiencia del Estado? ¿Dónde quedó la prioridad de atender lo esencial antes que lo ornamental?

La oposición denunció que el gasto fue excesivo y poco claro. Desde el Concejo Deliberante, la concejala Camargo fue directa: “Después de más de 600 millones de pesos, nadie puede decir con exactitud quién cobró qué”. Un dato que debería escandalizar, pero que en la lógica peronista pampeana ya parece una anécdota más.

Esta no es una crítica a embellecer la ciudad. Todo lo contrario: es una denuncia al modelo de gestión que prioriza la estética del poder por encima del control del gasto. Que tapa pozos con pintura, que prefiere la foto en redes a la rendición de cuentas, y que multiplica contrataciones opacas mientras acumula deuda invisible con proveedores o ciudadanos.

Los bolardos de oro de Di Nápoli no solo son metáfora del despilfarro. Son una postal perfecta de lo que fue y sigue siendo el peronismo santarroseño: marketing urbano para pocos, mientras la ciudad se oxida.

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