Le temen a la competencia: el kirchnerismo pampeano quiere frenar la llegada de Clarín
El expresidente de la Cooperativa Popular de Electricidad, Oscar Nocetti, señaló que el verdadero temor no es Clarín sino las 'defecciones' de actores locales ante la competencia.
El intento del kirchnerismo pampeano por frenar el desembarco del grupo Clarín en Santa Rosa no es un simple capricho legalista, sino una demostración palpable del miedo que genera la competencia real en la libertad de prensa y el mercado de ideas. Lo que está en juego no es la fiscalización o la rigurosidad administrativa, sino la capacidad de sostener un monopolio comunicacional y político que garantice el control absoluto de la narrativa y de la opinión pública local. En ese escenario, Clarín representa una amenaza que desordena la comodidad del statu quo estatista y autoritario.
La figura del expresidente de la Cooperativa Popular de Electricidad (CPE), Oscar Nocetti, arroja luz sobre esta pugna. En sus palabras, la preocupación no radica tanto en la llegada de un gigante mediático —contra el cual ya han enfrentado batallas— sino en las “defecciones” y el miedo de algunos actores políticos y gremiales que, cuando la competencia aparece, “tiemblan, inventan excusas y terminan aceptando lo que les ofrecen”. Esta metáfora descifra la dinámica clientelar del poder peronista pampeano: mientras no hay desafíos, se muestran “guapos”; frente a la libertad y la pluralidad, se arrugan y retroceden. Esa es la verdadera grieta: quien defiende el monopolio o quien apuesta a la apertura y al debate libre.
El monopolio del grupo Clarín ha servido en otras provincias como Córdoba para convertir la plaza mediática en un instrumento casi absoluto de poder político, favoreciendo personajes y estructuras que cierran el pensamiento y constriñen la oposición a una minoría irrelevante. La historia reciente y el ejemplo cercano demuestran que el estatismo y los monopolios de prensa van de la mano para asfixiar la autonomía política y promover una obediencia ideológica acrítica. La Pampa, con sus tradiciones federales y su historia cooperativa, no puede permitirse ese destino.
Es preocupante que las autoridades municipales, que deberían velar por la competencia justa y la pluralidad informativa, parezcan distraídas o dubitativas frente a un pedido “flojo de papeles” que ni siquiera fue aprobado legalmente en su estructura. Aquí está el núcleo del problema: no es irregularidad formal, es la voluntad política de sostener privilegios que devienen en falta de transparencia y censura indirecta. La alianza de ciertos sectores del oficialismo con representantes de sindicatos o grupos con vínculos dudosos solo evidencia la estrategia de generar obstáculos que no buscan defender el interés público, sino preservar la comodidad de monopolios afines.
Desde una perspectiva liberal, la competencia informa, enriquece el debate, y fortalece el sistema democrático porque obliga a los actores a rendir cuentas frente a múltiples voces. La fraternidad que se construye en torno a monopolios estatistas o públicos es una farsa que busca perpetuar privilegios a costa del control y la cooptación. En este contexto, la verdadera batalla es por la libertad de expresión y por la libre competencia como herramientas de empoderamiento ciudadano, no como amenazas a intereses enquistados.
La Pampa necesita avanzar hacia una cultura de mayor apertura y eficiencia que permita a empresas regionales y medios plurales consolidarse sin la sombra de favores políticos o el chantaje económico. El rechazo o la traba a la llegada de Clarín, bajo excusas administrativas, solo refleja la incapacidad de algunos actores de asumir la competencia como motor de desarrollo y transparencia. La historia de la CPE, que resistió monopolios y luchó por servicios mejores para los pampeanos, es un ejemplo claro de que la autonomía se defiende con valentía y no con medidas acomodaticias.
Llegó la hora de que los pampeanos elijan claramente de qué lado están: si del monopolio, el corporativismo y el miedo, o de la libertad, la pluralidad y el respeto a la competencia. Los hechos, más que las palabras, mostrarán quiénes están comprometidos con una Pampa moderna y democrática y quiénes aún se ocultan tras excusas legales para proteger viejos privilegios. En esta encrucijada, la libertad informativa no es solo un derecho, es la mejor garantía de una sociedad verdaderamente libre y próspera.
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