La granja de Ziliotto que no paga impuestos, se financia con tu plata… y sirve para robar
La dependencia estatal, que funge como granja piloto en Catriló, está exenta de tributos por ser parte del Estado provincial y permite el manejo discrecional de fondos sin licitaciones ni rendición de cuentas.
En Catriló funciona una estructura estatal que parece menor, casi simbólica: la Granja Piloto “César Pedro Ballari”. Pero cuando se corre el velo del discurso oficial, se revela algo mucho más grave: una dependencia del gobierno de La Pampa sostenida con fondos públicos, exenta de impuestos, y diseñada para que los políticos puedan usarla como caja sin control.
La granja depende del Ministerio de la Producción y no tributa ni un peso en La Pampa. Está exenta por el simple hecho de ser parte del Estado, aunque realice actividades que, en manos de cualquier privado, estarían gravadas por Ingresos Brutos, Inmobiliario o Sellos. No es una empresa formal, no tiene que competir ni rendir resultados económicos. ¿Y quién pone la plata? Vos. El presupuesto lo cubren todos los pampeanos, vía Ministerio y transferencias directas a la municipalidad.
Pero lo más grave no es lo que no paga. Es lo que permite ocultar.
El modelo actual —en el que el Estado provincial maneja una granja propia, sin controles, sin auditorías abiertas, sin tributos— sirve para gastar discrecionalmente, comprar sin licitación transparente, mover fondos sin competencia real y esconder sobreprecios con el verso del “programa avícola”.
Si el objetivo fuera realmente ayudar a los pequeños productores, bastaría con comprar las aves a avicultores locales y distribuirlas mediante convenios. Sería más rápido, más eficiente y más barato. Pero ahí no podrían robar. No habría estructura estatal para inflar presupuestos, tercerizar gastos a cooperativas truchas, ni justificar sueldos y viáticos con capacitaciones armadas para la foto. Por eso lo hacen así: porque necesitan una estructura controlada por el Estado para usarla como pantalla.
Esta granja no es solo un programa asistencial. Es una herramienta de propaganda y corrupción. El Estado se autoasigna fondos, los usa sin pagar impuestos, y los convierte en relato político. Mientras tanto, el productor común paga cada impuesto, cada tasa, cada retención, y encima ve cómo su propia plata se usa para sostener un aparato que lo ignora o lo reemplaza.
Ziliotto no usa esta granja para generar desarrollo. La usa para mantener un circuito de gasto estatal sin control judicial, sin competencia privada y sin oposición efectiva. Porque cuando el Estado produce, regula, distribuye y se audita a sí mismo, el resultado es siempre el mismo: corrupción estructural.
En La Pampa no hay grieta: hay dos castas. La que paga todo y la que vive de todo. Y esta granja, disfrazada de acción productiva, es uno de los tantos canales por donde se va tu plata y entra la impunidad.
No es asistencia. No es producción. Es robo organizado bajo cobertura institucional.
Y vos lo estás financiando.
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