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Fondo estatal para promoción de la actividad audiovisual en la provincia de Buenos Aires
Nacionales · 3 min

Kicillof construye una caja paralela de $626 millones mientras la provincia se hunde en déficit

Por Redacción Pampa Liberal

El gobierno bonaerense creó un organismo con fondo inicial de $626 millones que se actualiza automáticamente y puede ampliarse con créditos internacionales y donaciones, sin condicionamientos operativos claros.

La aprobación del nuevo “Consejo de Promoción de la Actividad Audiovisual” en Buenos Aires no es una política cultural ni un proyecto de desarrollo: es la construcción de una caja paralela financiada con impuestos en una provincia que no puede pagar salarios sin asistencia, que acumula déficit año tras año y donde los servicios básicos retroceden mientras la política se multiplica. Axel Kicillof acaba de crear su propio INCAA, con fondos propios, conducción política garantizada y un esquema institucional diseñado a medida de La Cámpora.

La ley establece un fondo inicial de $626 millones, pero ese número es apenas el piso. El monto se actualizará todos los años por la variación del precio de las entradas de cine y puede ampliarse con créditos internacionales, donaciones y “otras fuentes”. Es decir: un presupuesto que crece solo, sin control efectivo y sin ningún condicionamiento operativo. Un fondo vivo, infinito y políticamente administrado. Lo que el Gobierno nacional cortó, Kicillof lo reconstruyó: una estructura para financiar un aparato cultural alineado con su espacio.

El organismo dependerá del Instituto Cultural bonaerense, manejado por Florencia Saintout, una de las dirigentes más orgánicas de La Cámpora, exdecana de la Facultad de Periodismo de La Plata y figura clave del kirchnerismo duro. Ese instituto ya administraba más de $86.000 millones en 2025, de los cuales casi el 80% se consumen en salarios. Una estructura gigantesca, con un centenar de funcionarios —muchos de ellos formados en la misma facultad donde Saintout construyó su red política—, ahora sumará una caja adicional directamente subordinada a su dirección.

El nuevo fondo reproduce, casi sin disimulo, la lógica del viejo INCAA nacional: subsidios discrecionales, Registro Único obligatorio, participación estatal dominante y sillas reservadas para sindicatos, universidades y asociaciones de derechos alineadas al mismo espacio político. No se trata de promover el cine: se trata de controlar quién accede y quién queda afuera. La cultura como filtro ideológico, pagada por todos para el beneficio de pocos.

Mientras tanto, la provincia sigue sin resolver sus problemas básicos. Seguridad colapsada, escuelas deterioradas, hospitales sin insumos y municipios que dependen de transferencias para subsistir. Nada de eso impidió que Kicillof impulsara un organismo nuevo, costoso y redundante, destinado a sostener estructuras políticas que el Gobierno nacional ya no financia. La diferencia es evidente: mientras la Nación recorta privilegios y ajusta gastos superfluos, la provincia multiplica cajas para sostener su red de poder.

Kicillof no creó un fondo cultural: creó un refugio financiero para su espacio. Una provincia quebrada no puede darse el lujo de sumar estructuras políticas, pero un gobernador obsesionado con construir poder sí puede hacerlo. Buenos Aires no necesitaba otro organismo. La Cámpora sí. Y lo consiguió.

En un contexto donde la sociedad exige eficiencia, transparencia y austeridad, el kirchnerismo bonaerense responde con más gasto, más burocracia y más política financiada con plata ajena. El contraste no puede ser más claro: mientras el país avanza hacia un Estado más chico y más responsable, la provincia retrocede hacia un modelo donde cada crisis se resuelve creando otro organismo, otra caja y otra oportunidad de reproducir poder.

En definitiva, la ley que crea este nuevo INCAA provincial no es una política cultural: es una confesión. Kicillof no gobierna para ordenar la provincia. Gobierna para sostener una estructura partidaria que, sin cajas, no sobreviviría. Y lo hace mientras los bonaerenses pagan la cuenta.

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