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liberación judicial de una expresidenta boliviana tras años de prisión
Mundo · 3 min

¡Jeanine Añez Libre al Fin! Un Golpe a la Persecución del Régimen en Bolivia

Por Redacción Pampa Liberal

La libertad recuperada de Jeanine Añez tras casi cinco años de prisión representa mucho más que un giro judicial en Bolivia; es un símbolo contundente de resistencia frente al autoritarismo disfrazado de legalidad. Cuando el Tribunal Supremo de Justicia anuló la condena de diez años que pesaba sobre la exmandataria, dejó en claro que la justicia no puede ni debe ser utilizada como instrumento de represión política, una práctica común del régimen del Movimiento Al Socialismo (MAS). La injusta persecución contra Añez no sólo fue un atentado contra su persona, sino un envilecimiento de los principios democráticos y liberales que deberían guiar el funcionamiento del Estado.

Este episodio revela la profunda contradicción entre un Estado de derecho y gobiernos que, en lugar de respetar la división de poderes, se valen de la justicia para amedrentar a sus opositores. La defensa de la libertad no radica únicamente en proclamas, sino en mecanismos claros que impidan que mayorías políticas se transformen en tiranías al utilizar las instituciones estatales como herramientas de coacción. En el caso de Bolivia, al exigir que Añez fuera juzgada como corresponde a un exjefe de Estado y no bajo el régimen de causas ordinarias, la Corte restableció un principio esencial: ningún ciudadano es culpable sin el debido proceso, mucho menos quienes han ocupado las más altas responsabilidades públicas.

El contraste ideológico es inconfundible: frente a un MAS que optó por el estatismo clientelar y la persecución política disfrazada de justicia, la liberación de Añez reivindica el valor de la libertad individual, la propiedad legítima de la palabra y la igualdad ante la ley. Así, la tutela judicial efectiva se convierte en escudo contra el abuso de poder y en base para una verdadera democracia pluralistas. La persecución política, un recurso típico de regímenes autoritarios y colectivistas, es incompatible con un modelo de Estado limitado, donde el gobierno debe servir al ciudadano y no someterlo.

La multitud que aguardaba la salida de Añez, las banderas bolivianas que la acompañaron y las palabras de reconocimiento que cruzaron fronteras reflejan un despertar continental hacia la importancia de defender las libertades básicas contra el uso arbitrario del poder. Es allí donde la historia de esta mujer se convierte en ejemplo para toda Latinoamérica: en la resistencia y en la firmeza ante la injusticia, la libertad siempre encuentra su camino.

Este triunfo temporal debe inspirar a quienes creemos en el liberalismo clásico a no cejar en la lucha contra la expansión del Estado y la manipulación judicial. Cuando la justicia se vuelve arma política, no hay democracia ni progreso; hay solo tiranía y atraso. La liberación de Jeanine Añez no es solo una rehabilitación personal, sino una luz que resalta la necesidad imperiosa de gobiernos limitados, eficientes y respetuosos de la libertad individual, piedra angular para cualquier sociedad verdaderamente libre y próspera. Que su historia nos motive a defender siempre las instituciones y valores que garantizan la dignidad humana, sin concesiones ni tibiezas.

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