Milei volvió a cerrar abril con superávit financiero pese a la baja de impuestos
El Sector Público Nacional obtuvo un superávit primario de $632.844 millones y destinó $364.741 millones al pago de intereses de la deuda, cerrando abril en terreno positivo.
El Gobierno de Javier Milei volvió a cerrar abril con superávit financiero, un dato clave para sostener el eje central del programa económico: equilibrio fiscal, control del gasto público y reducción gradual de la presión impositiva. Según los datos difundidos por el Ministerio de Economía, el Sector Público Nacional registró en abril un superávit financiero de $268.103 millones.
El resultado cobra mayor importancia porque se logró después del pago de intereses de la deuda pública. En concreto, el Estado nacional obtuvo un superávit primario de $632.844 millones y destinó $364.741 millones al pago de intereses, descontando operaciones intra sector público. Es decir: no se trata solamente de “gastar menos antes de pagar deuda”, sino de cerrar el mes en positivo incluso después de cumplir obligaciones financieras.
Ese punto es central. Durante décadas, la política argentina naturalizó el déficit como si fuera una herramienta inocente. Se gastaba de más, se financiaba con emisión, deuda o impuestos, y luego la factura aparecía en forma de inflación, crisis cambiaria, caída del salario real y más pobreza. El cambio de lógica que impulsa el Gobierno es simple, pero incómodo para la vieja política: el Estado no puede vivir eternamente por encima de sus posibilidades.
En el acumulado del primer cuatrimestre, la administración libertaria alcanzó un superávit primario cercano al 0,5% del PBI y un superávit financiero del 0,2% del PBI. Esto consolida la estrategia fiscal iniciada desde el comienzo de la gestión y refuerza la idea de que el equilibrio no fue un gesto aislado, sino una regla de funcionamiento.
La discusión no es menor. El Gobierno no solo busca ordenar las cuentas, sino hacerlo en un contexto donde ya se redujeron o eliminaron distintos tributos y regímenes que afectaban al sector privado. El propio Ministerio de Economía remarcó que el resultado se consiguió con menores ingresos relativos y con una política de control del gasto, lo que permite devolver recursos a la actividad productiva sin romper el equilibrio fiscal.
Ahí aparece el contraste con el modelo anterior. Para el estatismo argentino, bajar impuestos y sostener el equilibrio fiscal parecía imposible. La receta habitual era siempre la misma: más gasto, más presión fiscal, más deuda y más emisión. El resultado también fue siempre parecido: una economía asfixiada, empresas castigadas, trabajadores perdiendo poder adquisitivo y un Estado cada vez más grande pero menos eficiente.
El dato de abril vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si el Estado puede funcionar gastando menos, pagando deuda y bajando impuestos, ¿cuánto del gasto anterior era realmente necesario y cuánto era simplemente privilegio, burocracia o política financiada por el contribuyente?
Esto no significa que la Argentina ya haya resuelto todos sus problemas. La recuperación económica todavía debe consolidarse, el sector privado necesita estabilidad para invertir y muchas familias siguen sintiendo el golpe de años de inflación acumulada. Pero justamente por eso el equilibrio fiscal importa: sin cuentas ordenadas, cualquier mejora es frágil; con déficit crónico, la recuperación termina chocando contra la misma pared de siempre.
El Gobierno apunta ahora a sostener esta línea durante todo 2026. Si logra cerrar el año con superávit financiero, Argentina podría encadenar tres años consecutivos de cuentas públicas en positivo, algo que el Ministerio de Economía calificó como un hecho inédito para la historia económica reciente del país.
La señal política también es fuerte. Mientras buena parte de la oposición insiste en volver al gasto sin financiamiento, Milei intenta instalar una nueva normalidad: que el Estado no sea una máquina de déficit, sino una estructura limitada por los recursos reales de la sociedad. En otras palabras, que el contribuyente deje de ser el cajero automático de la política.
Abril cerró en verde. Y en un país acostumbrado a vivir en rojo, ese dato no es menor. El desafío ahora será sostenerlo, profundizar la baja de impuestos y lograr que el orden macroeconómico se traduzca cada vez más en inversión, empleo privado y crecimiento real.
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