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Nacionales · 5 min

La desaceleración de la inflación empieza a sentirse: salarios de convenio le ganaron al IPC en abril

Por Redacción Pampa Liberal

Según relevamientos privados, los salarios negociados en paritarias subieron 3,4%, por encima del IPC del 2,6%.

La desaceleración de la inflación empezó a mostrar un efecto concreto sobre los ingresos formales. En abril, los salarios de convenio crecieron 3,4% promedio y lograron ubicarse por encima del 2,6% registrado por el Índice de Precios al Consumidor. El dato marca una señal relevante dentro del proceso de normalización económica: cuando los precios dejan de correr descontrolados, el salario empieza a tener margen para recuperar terreno.

Durante años, la Argentina vivió atrapada en una lógica destructiva: inflación alta, paritarias corriendo desde atrás, pérdida permanente del poder adquisitivo y una economía en la que nadie podía planificar. El trabajador no sabía cuánto iba a valer su sueldo al mes siguiente, el comerciante no podía sostener precios y las empresas operaban en un escenario de incertidumbre constante.

Abril dejó una señal distinta. No porque todos los problemas estén resueltos, sino porque el dato muestra un cambio de tendencia: con una inflación más contenida, varios acuerdos salariales lograron superar el avance de los precios.

Según relevamientos privados citados por La Derecha Diario, 6 de las 14 actividades analizadas tuvieron aumentos salariales superiores al IPC. Entre los sectores con mejor desempeño se ubicaron Químicos, con una suba del 9,4%; Gastronómicos, con 6,8%; Smata, con 5%; Encargados de edificio, con 4,4%; y Comercio y Utedyc, ambos con incrementos del 3,5%. Bancarios, por su parte, igualó la inflación mensual con una suba del 2,6%.

El dato importa porque rompe con una de las principales líneas del relato opositor: la idea de que la política de ordenamiento económico solo podía derivar en deterioro permanente de los ingresos. La realidad empieza a mostrar algo más complejo. La recuperación no es automática, no es pareja y no alcanza todavía a todos los sectores, pero la baja de la inflación abre una puerta que con el desorden anterior estaba cerrada.

La recomposición salarial estuvo impulsada por una combinación de factores: menor inflación mensual, aplicación de sumas fijas y renegociación de paritarias en gremios que actualizan sus acuerdos de manera periódica. Pero el punto de fondo es claro: ningún salario puede defenderse seriamente en una economía incendiada por la emisión, el déficit y la falta de disciplina fiscal.

El salario no se protege con discursos. Se protege bajando la inflación.

Durante años, el populismo prometió defender a los trabajadores mientras destruía la moneda en la que esos trabajadores cobraban. Se hablaba de derechos, conquistas y justicia social, pero el resultado era siempre el mismo: sueldos que perdían valor, precios que subían todas las semanas y familias obligadas a recortar consumo porque el peso se derretía en sus manos.

Por eso el dato de abril tiene relevancia política y económica. No significa que la recuperación esté completa. Tampoco permite afirmar que todos los trabajadores ya recuperaron poder adquisitivo. Sería un error vender euforia donde todavía hay heterogeneidad. Pero sí muestra que, con precios más ordenados, las paritarias pueden empezar a traducirse en mejoras reales.

Esa diferencia es central. En una economía con inflación descontrolada, cualquier aumento salarial queda viejo antes de llegar al bolsillo. En una economía que empieza a desacelerar precios, cada acuerdo tiene más posibilidades de impactar positivamente en el ingreso real.

El camino sigue siendo difícil. Hay sectores que todavía quedaron por debajo de la inflación, trabajadores informales que no están alcanzados por paritarias y familias que aún sienten el peso de años de deterioro acumulado. Pero negar la mejora de abril sería tan deshonesto como exagerarla.

Lo relevante es la dirección: menos inflación, más previsibilidad y mayor margen para que los salarios dejen de correr siempre desde atrás.

La Argentina necesita salir de la trampa de discutir salarios sin discutir inflación. Porque el verdadero ajuste sobre los trabajadores no es bajar el déficit ni ordenar las cuentas públicas. El verdadero ajuste fue haberles destruido el poder de compra durante años con emisión, controles, cepos, gasto político y populismo inflacionario.

El dato de abril confirma una idea simple: el orden macroeconómico no es una abstracción técnica. Tiene consecuencias concretas en la vida de la gente. Cuando baja la inflación, el salario respira. Cuando la moneda deja de perder valor al ritmo del descontrol político, el trabajador puede empezar a recuperar capacidad de compra.

Todavía falta. La mejora es parcial. Pero el rumbo importa.

Después de años en los que el Estado gastó de más, emitió de más y empobreció a los argentinos en nombre de supuestas políticas populares, la desaceleración de precios empieza a demostrar que sin estabilidad no hay salario posible.

La inflación fue el gran impuesto silencioso sobre los trabajadores. Y cada punto que baja representa una oportunidad para reconstruir ingresos, consumo, inversión y previsibilidad.

Abril dejó una señal concreta: los salarios de convenio le ganaron al IPC. No es el final del camino, pero sí es una muestra de que cuando se ordena la economía, los resultados empiezan a aparecer.

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