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Japón abre a la carne pampeana un mercado de USD 3.000 millones al año
Emprender · 5 min

Japón abre a la carne pampeana un mercado de USD 3.000 millones al año

Por Redacción Pampa Liberal

Después de veinte años de trámites, Japón aceptó comprar carne vacuna de toda la Argentina y no solo de la Patagonia, con La Pampa incluida entre las provincias habilitadas. El acuerdo sanitario, cerrado el 30 de septiembre, abre la puerta a un mercado que importa más de USD 3.000 millones al año. Pero antes de que salga el primer embarque pampeano falta un paso clave: la auditoría japonesa que habilite planta por planta.

La producción de una estancia de General Pico, de Realicó o de cualquier rincón de La Pampa que hoy se vende en el mercado interno quedó a un paso de llegar a Japón. Esa es la noticia, sin vueltas.

El miércoles 30 de septiembre, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGYP) anunció que Argentina y Japón acordaron los requisitos sanitarios para que la carne bovina y la lengua de la zona libre de aftosa con vacunación —que incluye a La Pampa— puedan entrar al mercado japonés.

En otras palabras: toda la carne argentina, no solo la de la Patagonia, puede empezar a venderse en uno de los mercados más grandes y más exigentes del planeta.

El camino hasta acá fue largo.

Vaca pampeana certificada → frigorífico habilitado por SENASA → mesa japonesa.

Ese esquema, que hoy parece sencillo, tardó dos décadas en armarse.

El reclamo lo planteó Argentina por primera vez en 2006. El proceso completo constó de 12 etapas y recién se cerró este año. La propia SAGYP lo reconoció sin vueltas: “Este logro fue posible gracias al trabajo coordinado del Ministerio de Economía, Cancillería y el SENASA, que sostuvieron el diálogo político, comercial y técnico necesario para alcanzar el acuerdo de manera de ir avanzando en el proceso de apertura de Japón, que cobró un renovado impulso a partir de 2024, cuando la Argentina lo estableció como prioridad”.

Ahí está el dato que no hay que dejar pasar: veinte años de trámite técnico y recién en los últimos dos la cosa se movió en serio.

Japón no es un comprador cualquiera.

  • Importa más de USD 3.000 millones al año en carne bovina.
  • Exige controles sanitarios entre los más estrictos del mundo.
  • Hasta ahora solo le compraba a la Patagonia argentina, zona libre de aftosa sin vacunación habilitada desde 2018, una porción chica de lo que produce el país.

Con este acuerdo, la habilitación se extiende a dieciocho provincias: La Pampa, Buenos Aires (salvo el partido de Patagones), Mendoza, San Luis, San Juan, La Rioja, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Jujuy, Salta y Formosa.

La Pampa, zona de vacunación contra la aftosa, queda en la lista grande. Ya no hace falta ser del sur para exportar a Japón: ahora toda la producción del país tiene la puerta abierta.

El visto bueno sanitario no salió de la nada.

En febrero de 2026, el Subcomité de Higiene Ganadera del Consejo de Política Agrícola, Alimentaria y Rural de Japón determinó algo clave: el riesgo de que entre fiebre aftosa con carne deshuesada del norte argentino es “extremadamente bajo” si esa carne se maduró correctamente antes de exportarse.

Por eso la letra chica importa: lo que va a entrar a Japón desde zonas con vacunación, como La Pampa, es carne madurada y deshuesada, no cualquier corte. Uruguay, que tiene el mismo estatus sanitario, ya exporta bajo esas mismas condiciones.

Ahora viene la parte que nadie debería maquillar: esto todavía no significa que mañana sale el primer contenedor pampeano hacia Tokio.

Falta que el gobierno japonés audite in situ los frigoríficos interesados y los habilite uno por uno. Sin esa auditoría, no hay exportación.

Es decir: se cerró el capítulo diplomático y sanitario. Ahora empieza el capítulo administrativo, y de ese depende cuándo un productor pampeano empieza a cobrar en yenes.

En la nota no aparece ningún funcionario con nombre y apellido para aplaudir ni para reclamarle nada puntual. Sí hay instituciones que movieron la maquinaria durante estos años: la Cancillería, el Ministerio de Economía, el SENASA y la propia SAGYP, además de la Embajada argentina en Tokio y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), que se ocupó de la promoción comercial del lado japonés.

Tampoco hay que cargarle veinte años de demora a ningún gobierno en particular: el propio comunicado describe un proceso técnico-sanitario, con evaluaciones de riesgo de aftosa, no un bloqueo político de turno.

Lo que sí se puede exigir es que alguien se haga cargo de la parte que falta:

  • Que SENASA identifique y presente los frigoríficos pampeanos en condiciones de exportar.
  • Que el gobierno japonés fije un cronograma de auditorías y lo haga público.
  • Que el Gobierno nacional informe, con fechas, cuándo sale el primer embarque desde una planta pampeana.

Este acuerdo no aparece aislado. Hace poco contamos cómo Argentina necesita venderle al mundo, no encerrarse, con el Gobierno nacional avanzando en paralelo hacia el libre comercio con el Pacífico. También venimos siguiendo cómo el Mercosur se abre al mundo de la mano de Japón, y cómo el acuerdo con Singapur avanza en el Congreso como parte de la misma estrategia de apertura.

Veinte años de trámite terminaron en un comunicado. Ahora falta que terminen en un camión cargando carne pampeana rumbo al puerto.

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