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Senado argentino da media sanción al TLC Mercosur-Singapur, con exportaciones argentinas sin aranceles y puerta a Asia.
Mundo · 4 min

El libre comercio vuelve a la agenda: acuerdo con Singapur avanza en el Congreso

Por Redacción Pampa Liberal

El acuerdo permitirá que el 100% de las exportaciones argentinas ingresen sin aranceles.

El libre comercio vuelve a la agenda: acuerdo con Singapur avanza en el Congreso

El Senado dio media sanción al Tratado de Libre Comercio entre el MERCOSUR y Singapur, una señal concreta de que la Argentina empieza a mirar nuevamente hacia el mundo después de años de aislamiento comercial, trabas burocráticas y una política exterior más preocupada por la ideología que por abrir mercados.

La iniciativa fue aprobada por unanimidad en la Cámara alta y ahora deberá continuar su tratamiento legislativo. El acuerdo había sido firmado el 7 de diciembre de 2023 en Río de Janeiro y es el primer tratado de libre comercio del MERCOSUR con un país del sudeste asiático.

El dato central es contundente: el convenio permitiría que el 100% de las exportaciones argentinas ingresen a Singapur sin aranceles. Para un país que necesita exportar más, atraer inversiones y dejar de depender del endeudamiento o la emisión, no se trata de un detalle menor.

Singapur no es un mercado cualquiera. Es una de las economías más abiertas y competitivas del mundo, con un PBI per cápita superior a los USD 90.000 y un rol clave como centro financiero, comercial y logístico en Asia. Por eso, el acuerdo no solo abre una puerta hacia ese país, sino también hacia una región estratégica para el comercio global.

Durante años, la Argentina vivió atrapada en una lógica defensiva: proteger sectores ineficientes, cerrar la economía, castigar al que produce, ponerle obstáculos al que exporta y vender la idea de que comerciar con el mundo era una amenaza. El resultado está a la vista: menos competitividad, menos inversión, menos empleo privado y una economía cada vez más chica.

El tratado con Singapur marca otra dirección. No resuelve por sí solo los problemas estructurales del país, pero va en el sentido correcto: menos barreras, más integración, más previsibilidad y más oportunidades para quienes producen bienes y servicios capaces de competir afuera.

Desde Cancillería remarcaron que el acuerdo puede potenciar las exportaciones argentinas y mejorar la inserción internacional del país. También se destacó que Singapur puede funcionar como una plataforma para futuras negociaciones con otros mercados asiáticos, entre ellos Japón, Corea del Sur, Vietnam e Indonesia.

Ese punto es clave. El comercio moderno no se juega solamente en venderle a un país, sino en integrarse a cadenas globales de valor. Argentina tiene alimentos, energía, minería, talento tecnológico y servicios profesionales para ofrecer. Pero sin reglas claras, sin apertura y sin acuerdos comerciales, buena parte de ese potencial queda encerrado dentro de las fronteras.

El tratado también apunta a facilitar inversiones en sectores como energía, minería y servicios basados en el conocimiento. En un país que necesita dólares genuinos, esos rubros son fundamentales. No se trata de repetir el viejo modelo de vivir del Estado, sino de generar riqueza real: inversión privada, exportaciones, empleo productivo y crecimiento sostenido.

Ahora bien, conviene no caer en triunfalismos vacíos. Un acuerdo de libre comercio no alcanza si Argentina mantiene una estructura impositiva asfixiante, costos logísticos altos, inseguridad jurídica y burocracia permanente. Abrir mercados es necesario, pero no suficiente. Para aprovecharlos, el país también debe ordenar su macroeconomía, bajar impuestos, simplificar regulaciones y garantizar estabilidad.

Ahí está la verdadera discusión de fondo. El libre comercio no es simplemente firmar tratados: es aceptar que el crecimiento no viene de cerrar la economía, sino de competir, invertir, producir mejor y venderle al mundo. Es exactamente lo contrario al reflejo estatista que durante décadas trató a la apertura como un peligro y al mercado como un enemigo.

La media sanción del acuerdo con Singapur es una señal política y económica. Política, porque muestra un giro respecto de la Argentina encerrada en discursos proteccionistas. Económica, porque abre una posibilidad concreta para que el sector privado encuentre nuevos mercados y atraiga capital hacia actividades productivas.

Mientras el mundo avanza en acuerdos, cadenas comerciales y competencia global, Argentina no puede seguir discutiendo como si estuviera en los años setenta. La riqueza no se crea protegiendo privilegios ni sosteniendo sectores artificiales con plata de los contribuyentes. Se crea produciendo, exportando, invirtiendo y compitiendo.

El Congreso tiene ahora la oportunidad de acompañar una agenda que debería ser básica para cualquier país serio: integrarse al mundo, abrir oportunidades y dejar de castigar al que quiere generar valor.

El libre comercio volvió a la agenda. Y para una Argentina que necesita crecer, esa es una buena noticia.

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Fuente: Derecha Diario – Política

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