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Campo de cultivo con maquinaria agrícola, símbolo de la producción agropecuaria
Emprender · 3 min

El secretario de Agricultura en La Pampa: el campo siempre empujó, cambió quién lo reconoce.

Por Redacción Pampa Liberal

El secretario de Agricultura abrió una charla en La Pampa con un diagnóstico filoso: el Gobierno nacional dejó de tratar al productor como un enemigo y hoy lo reconoce como generador de riqueza y divisas. El trabajo del campo no es nuevo; lo nuevo es quién decide valorarlo.

El productor que hoy recibe palabras de reconocimiento es el mismo que hace diez, veinte o treinta años sembraba, invertía y arriesgaba su capital sin que nadie le dijera gracias. Su trabajo no arrancó con este Gobierno. Lo que cambió fue quién decidió mirarlo distinto.

Eso fue lo que planteó el secretario de Agricultura al abrir una charla en La Pampa, según los apuntes tomados por la redacción de Pampa Liberal. Sostuvo que durante años el discurso oficial presentó al productor como un enemigo, alguien que acumulaba ganancia y no devolvía nada. Hoy, planteó, el Gobierno nacional lo reconoce como lo que es: alguien que genera riqueza, aporta divisas y hace andar el interior del país.

Esa idea se entiende mejor en un pueblo pampeano que en cualquier oficina de Buenos Aires. Una buena campaña no mueve solo al productor. Mueve al transportista que saca el grano, al taller que arregla la cosechadora a las tres de la mañana, al contratista que trabaja la tierra ajena, al comercio que vende más cuando el campo cobra y a la familia que vive de ese circuito. Cualquier lector puede ponerle un nombre propio y un pueblo concreto a esa cadena.

El aporte del campo se nota más cuando el país necesita dólares con urgencia. El secretario de Agricultura vinculó ese reconocimiento a los dólares que la liquidación del agro aporta para sostener la economía, aunque sus apuntes no precisan todavía una cifra confirmada para esta cobertura. Lo planteó no como un salvavidas de emergencia, sino como la facturación habitual de una actividad que sostiene empleo e inversión cosecha tras cosecha, con la economía difícil o no.

Invertir, producir y ganar plata de manera legítima no debería pedir disculpas. El que arriesga su capital en una siembra apuesta a un precio que no controla y a un clima que tampoco. Si le va bien, gana. Y esa ganancia no se la saca a nadie: paga fletes, compra insumos, contrata gente, sostiene un pueblo. Durante años se discutió si ganar plata en el campo era sospechoso. Mientras tanto, media Pampa seguía viviendo de esa sospecha.

Reconocer al productor en un discurso sale gratis. Facilitarle el trabajo, no. Si el Gobierno nacional decidió dejar de tratar al campo como un enemigo, le queda la parte que cuesta: reglas previsibles, menos impuestos y menos trabas para sembrar, invertir y vender. El elogio sin eso es solo un gesto.

El campo siempre empujó. Lo que faltaba era que el Estado dejara de pisarle la manguera.

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