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Javier Milei y Luis Caputo tras el anuncio de la salida del cepo
Nacionales · 3 min

Caputo confirmó la inversión minera más grande de la historia gracias al RIGI

Por Redacción Pampa Liberal

El anuncio confirma la mayor inversión minera extranjera directa de la historia argentina: BHP y Lundin Mining apostarán al proyecto Vicuña en San Juan, que combina cobre, oro y plata a escala mundial.

No es un anuncio más. No es marketing. No es un PowerPoint para la tribuna. Es una señal política brutal de cambio de época. Con la confirmación del ingreso del proyecto Vicuña al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), el Gobierno de Javier Milei y Luis Caputo selló la mayor inversión minera extranjera directa de la historia argentina: más de USD 2.000 millones en los primeros dos años, con un horizonte productivo que se mide en décadas.

El dato clave no es solo el monto. Es quién invierte y por qué. BHP, el mayor grupo minero del planeta, y Lundin Mining, uno de los jugadores más importantes del sector, eligieron Argentina después de años de evitarla. No llegaron por casualidad ni por simpatía ideológica: llegaron porque el país dejó de ser un territorio hostil para el capital productivo. Llegaron porque, por primera vez en décadas, el Estado decidió no robarse el futuro.

El proyecto Vicuña —que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol en San Juan— no es una apuesta especulativa. Es cobre, oro y plata a escala mundial. Exportaciones reales. Dólares genuinos. Empleo privado. Infraestructura. Encadenamientos productivos. Todo lo que el discurso populista dice defender pero sistemáticamente destruyó.

El RIGI es el corazón político de esta decisión. Durante años se demonizó cualquier régimen que ofreciera estabilidad fiscal, reglas claras y previsibilidad. Se los llamó “entreguistas”, “neoliberales”, “saqueadores”. El resultado está a la vista: cero inversiones, cepo eterno, pobreza estructural. Milei hizo lo contrario: dijo la verdad incómoda. Sin reglas claras no hay inversión, y sin inversión no hay desarrollo.

El régimen no es un regalo. Es un contrato. El Estado deja de cambiar las reglas cada seis meses y el inversor pone miles de millones de dólares, tecnología y trabajo. No hay magia. Hay lógica. Por eso el proyecto ingresó como PEELP, una categoría pensada para exportaciones estratégicas de largo plazo, con beneficios extendidos por 40 años. Porque nadie invierte a escala global en países que se comportan como estafadores seriales.

La política también está en lo que este anuncio expone por contraste. Durante años, la minería fue rehén de la demagogia ambiental selectiva, de la extorsión regulatoria y del “no” permanente. Provincias ricas sentadas sobre recursos pobres. Estados que prefirieron militancia antes que progreso. El resultado fue dependencia, atraso y emigración de talento. Hoy, con el RIGI, la Argentina vuelve a competir por inversiones que antes iban directo a Chile, Perú o Canadá.

Caputo no anunció un proyecto. Anunció un cambio de paradigma. El país que expulsaba capital ahora lo atrae. El país que vivía del impuesto ahora empieza a vivir de la producción. El país que negociaba con discursos ahora negocia con reglas.

Esto no es el final del camino. Es el comienzo. Y también es una advertencia: cada intento de sabotear el RIGI, cada operación política contra la inversión, cada marcha “anti-extractivista” financiada por el Estado, es un intento directo de volver al modelo fracasado que empobreció a generaciones enteras.

La inversión más grande de la historia no llegó por suerte. Llegó porque alguien se animó a romper con el consenso del fracaso. Y eso, en la Argentina, es profundamente político.

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