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Apagón eléctrico en Cuba durante la crisis energética del régimen comunista
La Pampa · 3 min

Apagón comunista: Cuba se hunde en la oscuridad del modelo que algunos aún defienden

Por Redacción Pampa Liberal

Cuba vive hoy sumida en la oscuridad, literalmente apagada por un régimen comunista que promete progreso y entrega miseria. La isla caribeña sufrió su cuarto apagón total en menos de seis meses, dejando a casi 10 millones de habitantes sin electricidad, en un símbolo brutal del fracaso absoluto del modelo estatista. La pobreza, la escasez y la represión crecen a la par que el poder estatal se expande y controla cada aspecto de la vida. Mientras tanto, en Argentina, sectores que reivindican ese mismo sistema ignoran la lección más elemental: cuando el Estado controla todo, el pueblo pierde todo.

Los apagones prolongados y frecuentes, que alcanzan hasta 20 horas diarias en muchas regiones cubanas, no son accidentes ni errores pasajeros. Son el resultado inevitable de décadas de intervencionismo, de planificación centralizada y de un sistema económico colectivista que acaba con la iniciativa privada, la innovación y la eficiencia. Al culpar a factores externos como el embargo estadounidense, el régimen cubano busca desviar la atención de la incompetencia interna, la corrupción y la ausencia de competencia que condenan a la isla al atraso y la escasez. No es casualidad que las viejas plantas eléctricas funcionen con combustible escaso y que hospitales, aeropuertos y servicios esenciales solo sobrevivan gracias a costosos sistemas de respaldo.

Comparado con las naciones que abrazaron la libertad individual y el libre mercado, el contraste es inflexible. Sistemas basados en gobiernos limitados, competencia y propiedad privada garantizan a sus ciudadanos acceso confiable a energía, alimentos y servicios. Donde el libre mercado provee soluciones dinámicas, el comunismo impone controles rígidos e ideologías obsoletas que asfixian a la sociedad y destruyen el bienestar. Cuba no es la excepción sino la regla histórica: el estatismo masivo termina en ruina, fracaso y represión.

Es urgente que en Argentina y el resto de Latinoamérica comprendamos que defender modelos como el cubano es justificar la miseria organizada y el autoritarismo disfrazado de justicia social. No es solo un problema cubano, es un desafío de ideas: elegir libertad y gobierno limitado versus abrazar colectivismo e ineficiencia. La tragedia diaria de aquellos que viven a oscuras bajo un régimen que no admite críticas ni cambios es un llamado a valorar la propiedad privada, la competencia económica y la posibilidad de elegir el rumbo propio, principios consagrados en el liberalismo clásico.

En definitiva, la crisis energética y humana en Cuba reafirma una verdad que debemos replicar con firmeza: el Estado omnipotente no es benefactor, es destructor. La libertad es la luz que necesita cualquier nación para evitar apagones de derechos, oportunidades y dignidad. Que la oscuridad cubana ilumine nuestra convicción por un futuro de progreso basado en menos Estado y más libertad.

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