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Acto de inauguración del servicio de fibra óptica en Adolfo Van Praet
La Pampa · 3 min

Al fin llega la fibra: Van Praet se conecta mientras el Estado festeja tarde

Por Redacción Pampa Liberal

El acto oficial reunió a autoridades provinciales y vecinos de la localidad, que durante años dependió de redes móviles inestables y servicios satelitales costosos.

En la localidad pampeana de Adolfo Van Praet, la llegada de la fibra óptica domiciliaria fue celebrada como un hito. El acto oficial, realizado frente al edificio municipal, reunió a autoridades provinciales, técnicos de la empresa prestadora y vecinos que, entre aplausos y selfies, recibieron lo que para muchos debería haber sido una realidad hace al menos una década. El intendente local, visiblemente emocionado, agradeció “la voluntad política de conectar a los pueblos chicos”, mientras un funcionario provincial destacaba “el compromiso del Estado con la inclusión digital”. Pero detrás del corte de cinta y los discursos, se esconde una pregunta incómoda: ¿por qué recién ahora?

Van Praet, con menos de mil habitantes, ha vivido durante años con una conectividad limitada, dependiente de redes móviles inestables y servicios satelitales costosos. Mientras en otras localidades similares la inversión privada permitió avances tecnológicos desde 2015, aquí la espera se prolongó hasta 2025. El nuevo tendido, financiado en parte por fondos públicos y ejecutado por una empresa contratista, representa una mejora indiscutible. Pero también expone el ritmo lento y burocrático con el que el Estado responde a necesidades básicas. La obra costó más de 40 millones de pesos, según cifras oficiales, y su ejecución demoró más de 18 meses desde la licitación. En ese tiempo, cientos de estudiantes, emprendedores y profesionales locales siguieron dependiendo de conexiones precarias para estudiar, trabajar o simplemente comunicarse.

La brecha digital en Argentina no es nueva, pero casos como el de Van Praet la hacen visible con crudeza. Según datos del ENACOM, más del 30% de las localidades rurales aún no cuentan con acceso a internet de calidad. En Van Praet, antes de la obra, solo el 12% de los hogares tenía acceso a banda ancha fija. La llegada de la fibra óptica permitirá velocidades de hasta 300 Mbps, lo que podría transformar radicalmente el acceso a contenidos educativos, servicios de salud remota y oportunidades laborales. Sin embargo, el contraste con localidades vecinas como Realicó o Huinca Renancó —que ya cuentan con fibra desde hace años gracias a cooperativas o empresas privadas— deja en evidencia que el modelo estatal no solo llega tarde, sino que lo hace con sobrecostos y sin incentivos a la innovación.

Celebrar la llegada de la fibra óptica como si fuera una conquista épica revela una lógica estatista que confunde lo básico con lo extraordinario. La conectividad debería ser un derecho garantizado con eficiencia, no una dádiva que se entrega en actos partidarios. El liberalismo, en cambio, propone un modelo donde la competencia, la inversión privada y la desregulación permiten que los servicios lleguen antes, mejor y a menor costo. En lugar de esperar que el Estado decida cuándo y cómo conectarnos, deberíamos exigir marcos que faciliten que múltiples actores lo hagan sin trabas.

Van Praet tiene fibra, sí. Pero también tiene una lección: cuando el Estado monopoliza las soluciones, el progreso se vuelve ceremonia. Que esta conexión sirva no solo para navegar más rápido, sino para abrir el debate sobre cómo queremos avanzar. Porque el verdadero desarrollo no se celebra con cintas, sino con libertad, eficiencia y visión de futuro.

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