RIGI en marcha: Milei aprobó otro proyecto minero por USD 764 millones
Con una inversión de US$ 764 millones, el proyecto Diablillos generará 2.013 empleos y aportará exportaciones por US$ 417 millones, mientras el Gobierno ya acumula 36 solicitudes por más de US$ 97.000 millones bajo el régimen impulsado por Milei.
El Gobierno nacional aprobó la adhesión del proyecto Diablillos al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. La iniciativa, ubicada entre Salta y Catamarca, apunta a la explotación de oro y plata, con generación de empleo privado, proveedores locales y exportaciones.
El Gobierno de Javier Milei volvió a mostrar un dato concreto de su política económica: cuando hay reglas claras, aparecen inversiones. Esta vez, el Ministerio de Economía aprobó la adhesión al RIGI del proyecto minero Diablillos, una iniciativa ubicada entre Salta y Catamarca que busca explotar oro y plata en una de las zonas con mayor potencial minero del norte argentino.
La inversión total anunciada asciende a US$ 764 millones, según la información difundida por La Derecha Diario, mientras que la Resolución 562/2026 publicada en el Boletín Oficial detalla US$ 481,7 millones en activos computables dentro del régimen. La diferencia no es menor, pero tampoco contradice el eje de fondo: el proyecto ingresa al esquema de incentivos diseñado para atraer capital productivo de largo plazo.
El emprendimiento será desarrollado por Pacific Rim Mining Corporation Argentina S.A., como Vehículo de Proyecto Único, y se localizará en la zona limítrofe entre los departamentos de Los Andes, en Salta, y Antofagasta de la Sierra, en Catamarca. El plan contempla el desarrollo del yacimiento Diablillos, integrado por 15 concesiones mineras, junto con la construcción de una planta de procesamiento con capacidad nominal de 3.150.000 toneladas por año.
No se trata solamente de una mina. El proyecto incluye caminos de acceso, infraestructura para agua y energía, campamentos, laboratorios, talleres, zonas de acopio, servicios operativos y todo el soporte necesario para poner en marcha una explotación de oro y plata en forma de bullón doré. Es decir: inversión real, infraestructura real y actividad económica real.
Según las proyecciones difundidas, Diablillos generará 2.013 empleos directos e indirectos y tendrá un potencial exportador estimado en US$ 417 millones. Ese es el punto central que el debate público argentino suele esquivar: los dólares no aparecen por decreto, ni por relato, ni por controles. Aparecen cuando el país deja de castigar al que invierte, produce y exporta.
El cronograma también marca compromisos concretos. La empresa deberá invertir US$ 98,5 millones durante el primer año y US$ 253,9 millones durante el segundo, acumulando US$ 352,4 millones en el bienio inicial. Además, la fecha límite para cumplir con el monto mínimo de inversión fue fijada para el 30 de noviembre de 2027.
La construcción está prevista para comenzar en julio de 2026, mientras que el inicio de operación se estima para julio de 2029. En paralelo, el proyecto compromete una participación importante de proveedores locales: el plan presentado indica que el 55% de la inversión destinada a proveedores, bienes y obras de infraestructura corresponderá a proveedores nacionales, por encima del mínimo del 20% exigido.
La aprobación del proyecto también activa beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios previstos por el RIGI. El Boletín Oficial instruyó a la ARCA a aplicar los incentivos correspondientes y al Banco Central a reconocer los incentivos cambiarios para Pacific Rim como titular del proyecto adherido al régimen.
El mensaje político es evidente. Durante años, Argentina tuvo recursos naturales, talento técnico y oportunidades concretas, pero también tuvo un Estado que multiplicó trabas, impuestos, incertidumbre regulatoria y discursos hostiles contra el capital privado. El resultado fue conocido: proyectos demorados, inversiones que se iban a otros países y provincias enteras condenadas a depender del empleo público o de la asistencia estatal.
El RIGI busca romper esa lógica. No promete magia. Ofrece algo mucho más simple y más serio: previsibilidad. Y en un país acostumbrado a cambiar reglas a mitad de camino, la previsibilidad ya es una reforma estructural.
Para Salta y Catamarca, Diablillos puede significar empleo, proveedores, movimiento comercial y más exportaciones. Para el Gobierno nacional, representa una señal política y económica: la Argentina vuelve a competir por inversiones grandes, no con discursos, sino con condiciones concretas.
Mientras algunos sectores siguen discutiendo la inversión privada como si fuera una amenaza, el país necesita exactamente lo contrario: capital, producción, infraestructura y exportaciones. Porque sin inversión no hay empleo genuino. Sin exportaciones no hay dólares. Y sin reglas estables no hay futuro productivo.
El caso Diablillos muestra que el cambio de clima económico empieza a traducirse en hechos. El desafío ahora será sostener el rumbo, defender la seguridad jurídica y evitar que la vieja Argentina vuelva a espantar las oportunidades que tanto costó recuperar.
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