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Multitud en el escenario del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María
Nacionales · 3 min

Récord histórico en Jesús María: más de 220.000 entradas vendidas en el festival de doma y folklore

Por Redacción Pampa Liberal

El presidente Javier Milei asistió el viernes y agotó las 30.000 localidades, mientras el sábado sumó otros 28.000 espectadores, confirmando dos noches a pleno en Jesús María.

La edición número 60 del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María cerró con un dato contundente: más de 220.000 entradas vendidas, el mayor registro de su historia. No es solo una cifra récord. Es la confirmación de que un modelo cultural autogestionado, financiado por el público y la publicidad privada, puede ser masivo, rentable y sostenible sin depender del Estado.

El hito tuvo uno de sus picos el viernes, cuando el presidente Javier Milei asistió al festival ante un anfiteatro colmado. La jornada agotó 30.000 localidades y dejó una imagen que recorrió el país: Milei sobre el escenario interpretando Amor Salvaje junto al Chaqueño Palavecino frente a una multitud. Lejos del protocolo, el momento condensó algo más profundo: cultura popular, convocatoria real y público dispuesto a pagar por una experiencia que valora.

El sábado confirmó que no se trató de un hecho aislado. Con 28.000 espectadores, la grilla volvió a llenar el predio y sostuvo el impulso de una edición que combinó tradición y diversidad artística. El resultado fue doble: récord de taquilla y dos noches consecutivas a capacidad plena, algo poco frecuente incluso en festivales consolidados.

Detrás del éxito hay una decisión de gestión. La organización apostó por recursos propios, programación atractiva y una administración eficiente que prioriza ingresos genuinos —entradas y sponsors— por sobre transferencias públicas. El impacto se sintió más allá del escenario: hoteles completos, bares y restaurantes trabajando al máximo y una ciudad dinamizada por el turismo. La cultura, cuando funciona con reglas claras, derrama.

El caso Jesús María vuelve a poner en discusión un dogma extendido en la Argentina: que la cultura necesita subsidio permanente para existir. Los números muestran lo contrario. Cuando el contenido es valioso y la propuesta es honesta, la gente responde. Y cuando responde, el evento se financia solo, crece y se proyecta.

En un contexto donde se revisan privilegios y se exige eficiencia, el festival deja una lección incómoda para el sistema cultural subsidiado: no todo debe pagarse con impuestos para ser popular. La masividad no es patrimonio del gasto público; es consecuencia de una oferta que conecta con su público.

Jesús María cerró su edición histórica con una señal clara. Cultura, tradición y mercado no son enemigos. Pueden convivir, potenciarse y generar valor. El récord de 220.000 entradas no es solo un festejo; es una prueba de que, cuando la gestión acompaña y el público elige, el modelo funciona.

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