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Javier Milei en un acto, vinculado a una encuesta que lo ubica líder hacia 2027 y con ventaja sobre el kirchnerismo
Nacionales · 6 min

Milei consolida su liderazgo rumbo a 2027 y deja al kirchnerismo casi 20 puntos abajo

Por Redacción Pampa Liberal

Una nueva encuesta ubica al oficialismo muy por encima del resto y muestra un contundente triunfo en un eventual balotaje.

Javier Milei vuelve a aparecer al frente del escenario político nacional rumbo a las elecciones presidenciales de 2027. Una nueva encuesta de la consultora Isasi/Burdman ubica al oficialismo con una ventaja amplia sobre el kirchnerismo y muestra al Presidente como el dirigente mejor posicionado ante un eventual intento de reelección.

El relevamiento, realizado sobre 1.976 casos en todo el país entre el 21 y el 26 de mayo, muestra a La Libertad Avanza en primer lugar con el 40% de intención de voto, muy por encima de Fuerza Patria, el espacio asociado a Axel Kicillof, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que alcanza el 24%.

La diferencia no es menor. En un país acostumbrado a ciclos políticos cortos, crisis permanentes y liderazgos desgastados por la economía, Milei conserva una base electoral competitiva incluso después de haber tomado decisiones difíciles para ordenar las cuentas públicas.

El dato central no es solo que La Libertad Avanza lidere. Lo verdaderamente relevante es que el kirchnerismo sigue sin encontrar una oferta capaz de recuperar centralidad nacional. Después de años de inflación, déficit, cepo, emisión, pobreza estructural y deterioro institucional, el peronismo no logra convencer a una mayoría social de que volver atrás sea una solución.

En otro escenario medido por la consultora, el oficialismo vuelve a quedar primero con el 39%, mientras que el espacio peronista alcanza el 23%. Provincias Unidas junto al PRO aparece con el 11%, la izquierda queda en torno al 9% y los indecisos continúan teniendo un peso importante.

Ese punto merece una lectura cuidadosa. La encuesta muestra una ventaja clara para Milei, pero también indica que todavía hay un porcentaje relevante de votantes que no definió su posición. Por eso, hablar de una elección cerrada en 2026 sería un error. Sin embargo, negar la tendencia también sería forzar la realidad: el oficialismo aparece competitivo, el kirchnerismo queda lejos y la oposición no logra ordenar un liderazgo alternativo.

El escenario de balotaje es aún más contundente. Ante una eventual segunda vuelta entre Javier Milei y Axel Kicillof, el Presidente alcanzaría el 54% frente al 35% del gobernador bonaerense, con un 11% de indecisos. Es decir, una diferencia cercana a los 20 puntos.

La foto es incómoda para el kirchnerismo. Kicillof es presentado muchas veces como la principal figura de recambio dentro del espacio, pero a nivel nacional arrastra un límite evidente: representa la continuidad ideológica de un modelo que amplios sectores de la sociedad responsabilizan por la decadencia argentina.

El gobernador bonaerense puede tener poder territorial, estructura política y respaldo militante, pero eso no necesariamente alcanza para competir en una elección presidencial. La provincia de Buenos Aires no es la Argentina completa. Y el discurso que puede funcionar dentro de una maquinaria provincial no siempre convence a un país que reclama orden, estabilidad y crecimiento.

Milei, en cambio, conserva una ventaja política clara: sigue siendo identificado por una parte importante de la sociedad como el dirigente que intenta cambiar la dirección del país. Puede haber críticas, errores de gestión, costos sociales y tensiones económicas, pero el eje de su mandato continúa siendo el mismo: terminar con el déficit, reducir el peso del Estado, bajar la inflación y reconstruir condiciones para que la Argentina vuelva a producir.

Ese es el punto que la oposición no logra resolver. El kirchnerismo insiste en denunciar el ajuste, pero evita explicar por qué el país llegó a necesitarlo. Habla de derechos, pero no se hace cargo de haber dejado salarios destruidos, inflación descontrolada y un Estado gigantesco incapaz de garantizar servicios básicos de calidad. Critica el orden fiscal, pero no ofrece una alternativa creíble que no termine otra vez en emisión, deuda o impuestos.

La sociedad parece haber aprendido algo después de años de frustración. Ya no alcanza con prometer consumo artificial, subsidios eternos y Estado presente. Cada vez más argentinos entienden que no hay futuro posible sin equilibrio fiscal, moneda estable, inversión privada, empleo genuino y reglas claras.

Eso no significa que el Gobierno tenga la elección ganada. Sería una lectura ingenua. Todavía falta mucho para 2027 y la economía será determinante. Si la recuperación no llega al bolsillo, si el empleo privado no crece con fuerza o si la baja de la inflación no se transforma en mejora concreta de ingresos, el oficialismo puede enfrentar desgaste.

Pero la oposición también tiene un problema profundo: no alcanza con esperar que Milei se equivoque. Para volver al poder necesita demostrar que tiene un programa mejor. Y hasta ahora, el kirchnerismo no ofrece renovación, sino nostalgia. No propone futuro, propone revancha. No explica cómo resolver los problemas estructurales, solo promete volver al esquema que los agravó.

La encuesta también deja una señal para los sectores moderados, provinciales y no kirchneristas. Hay espacio electoral, pero no alcanza con presentarse como una tercera vía indefinida. La sociedad argentina parece estar discutiendo algo más profundo que nombres: está decidiendo entre insistir con el cambio o retroceder hacia el viejo modelo de gasto, intervención y dependencia política.

En ese contexto, La Libertad Avanza mantiene una ventaja narrativa. Su mensaje es simple: ordenar el país, achicar el Estado, defender la libertad económica y terminar con los privilegios de la política. Ese discurso sigue teniendo potencia porque conecta con una demanda real de millones de argentinos cansados de financiar un sistema que les dio cada vez menos a cambio.

Para el kirchnerismo, el desafío es mucho más difícil. Debe convencer a la sociedad de que quienes gobernaron durante buena parte de las últimas dos décadas ahora tienen la solución para los problemas que ayudaron a crear. Esa contradicción pesa. Y las encuestas empiezan a mostrarlo.

Milei llega a esta etapa con una ventaja clara, pero también con una responsabilidad enorme. No alcanza con ganarle discursivamente al pasado. El oficialismo necesita consolidar resultados, sostener el orden macroeconómico, mejorar la actividad, defender la baja de la inflación y demostrar que el sacrificio tiene un sentido concreto.

Si lo logra, el escenario de 2027 puede quedar marcado por una idea potente: Argentina no quiere volver atrás.

El país que trabajó, produjo y soportó años de populismo parece estar mirando otra dirección. Una dirección donde el Estado deje de ser una carga, donde la política pierda privilegios y donde la libertad económica vuelva a ser la base del crecimiento.

Todavía falta mucho. Una encuesta no define una elección.

Pero sí marca una tendencia.

Y hoy esa tendencia muestra a Milei arriba, al kirchnerismo lejos y a una parte importante de la sociedad dispuesta a sostener el cambio antes que regresar al modelo que empobreció al país.

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