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Billetes en una imprenta durante un proceso de producción monetaria
Nacionales · 4 min

La “maquinita” volvió: Casa de Moneda imprimirá 700 millones de billetes… pero para Nigeria

Por Redacción Pampa Liberal

El acuerdo permitirá reactivar las máquinas de la empresa con la producción de nairas.

La Casa de Moneda volverá a poner en marcha sus máquinas, pero esta vez no será para inundar la economía argentina de pesos sin respaldo, ni para financiar déficit, ni para sostener el viejo vicio político de gastar primero y emitir después.

Ahora imprimirá billetes para Nigeria.

Según informó La Derecha Diario, la empresa estatal argentina consiguió un contrato internacional para producir alrededor de 700 millones de billetes nigerianos, en una operación que permitirá reactivar capacidad instalada que había quedado ociosa tras el cambio de política monetaria impulsado por el gobierno de Javier Milei. El acuerdo se realizará bajo modalidad de fasón: la Casa de Moneda pondrá instalaciones, maquinaria y mano de obra, mientras la empresa contratante aportará la materia prima, los diseños y las especificaciones técnicas. La Derecha Diario

La paradoja es potente: durante años, la Casa de Moneda estuvo asociada en el imaginario argentino a uno de los males más destructivos de la economía nacional: la emisión descontrolada. La famosa “maquinita” fue el símbolo de gobiernos que creían que los problemas fiscales podían taparse fabricando billetes.

El resultado lo conocen todos los argentinos: inflación, pérdida del poder adquisitivo, salarios pulverizados, jubilaciones licuadas y una moneda cada vez más débil.

Con Milei, el enfoque cambió de raíz. La Casa de Moneda ya no aparece como el instrumento para financiar el gasto político mediante emisión, sino como una estructura que, si va a funcionar, debe hacerlo bajo una lógica distinta: produciendo un servicio, compitiendo, generando actividad y aprovechando maquinaria que antes dependía casi por completo del Banco Central.

El contrato surge a partir de compromisos asumidos por De La Rue, la histórica firma británica especializada en impresión de billetes, vinculada comercialmente con el Banco Central de Nigeria. Parte de esa producción será derivada a la capacidad disponible en Argentina, y podría mantener las máquinas activas durante un período estimado de entre 18 y 24 meses. El Zonda

Nigeria viene de atravesar fuertes problemas con el recambio de sus billetes, especialmente entre 2022 y 2023, cuando intentó renovar denominaciones de 200, 500 y 1.000 nairas. La falta de efectivo, los problemas logísticos y la dependencia del dinero físico generaron una crisis que terminó obligando a extender la validez de los billetes anteriores.

En ese contexto, la Casa de Moneda argentina aparece ahora como proveedor industrial para una demanda externa. Es decir: las máquinas vuelven a trabajar, pero no para castigar al bolsillo argentino.

Ese es el punto político y económico de fondo.

Porque no toda impresión de billetes es igual. Una cosa es emitir pesos para financiar déficit, expandir la base monetaria y trasladar el costo a la gente vía inflación. Otra muy distinta es prestar un servicio de impresión para otro país, bajo contrato, sin que eso implique llenar la economía argentina de papel pintado.

Ahí está el giro: la herramienta que durante años fue usada como símbolo de irresponsabilidad fiscal ahora puede transformarse, bajo otra lógica, en una fuente de actividad económica.

La diferencia no está en la máquina. Está en quién la usa, para qué la usa y bajo qué reglas.

Durante el viejo modelo, la emisión era una salida fácil para no ordenar el Estado. Se imprimía para cubrir agujeros, para sostener planes, para financiar campañas, para patear problemas hacia adelante. La factura, como siempre, la pagaba el ciudadano común cuando iba al supermercado y descubría que su sueldo valía menos.

Con el nuevo rumbo, la señal es otra: la Argentina no necesita fabricar inflación. Necesita fabricar bienes y servicios que alguien esté dispuesto a pagar.

La Casa de Moneda todavía tiene un futuro abierto. El Gobierno continúa evaluando qué hacer con la empresa dentro de su programa de privatizaciones, luego de que el Banco Central redujera fuertemente su dependencia de los contratos locales y buscara proveedores internacionales para determinados billetes argentinos. En 2024, el Gobierno intervino la empresa y suspendió parte de la impresión local, alegando problemas de costos, demoras y eficiencia. El País

Pero mientras se define su destino, el caso deja una postal difícil de ignorar: la misma estructura que antes era parte del circuito inflacionario argentino ahora puede funcionar como una fábrica al servicio de un contrato externo.

La “maquinita” volvió.

Pero esta vez no vuelve para destruir el peso argentino.

Vuelve para imprimir nairas.

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