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Gráfico sobre la evolución de la deuda pública argentina y el PBI
Nacionales · 4 min

La deuda pública bajó al 42% del PBI y marca el mejor registro en ocho años

Por Redacción Pampa Liberal

El informe de Adcap Grupo Financiero explica la caída por el superávit fiscal sostenido, el cumplimiento de pagos y el crecimiento económico durante la gestión de Javier Milei.

La Argentina volvió a romper una inercia que parecía inamovible. Al cierre de 2025, la deuda pública cayó al 42% del Producto Bruto Interno, el nivel más bajo desde 2017. El dato surge de un informe elaborado por Adcap Grupo Financiero en base a cifras oficiales y confirma un giro estructural en la dinámica fiscal y financiera del país bajo la gestión de Javier Milei.

No se trata de un maquillaje estadístico ni de una licuación inflacionaria. La reducción del ratio deuda/PBI se explica por una combinación poco habitual en la historia reciente: superávit fiscal sostenido, cumplimiento de compromisos financieros y crecimiento económico. En términos simples, el Estado dejó de gastar más de lo que recauda y empezó a pagar, mientras la economía dejó de achicarse.

Adcap presenta dos mediciones para evaluar el endeudamiento. La primera, denominada “deuda total”, incluye los pasivos del Tesoro con privados y organismos multilaterales, además de obligaciones del Banco Central y otros fondos públicos. Bajo ese criterio, la deuda pasó del 156% del PBI en 2023 —último año del kirchnerismo— al 78% actual. La segunda medición, más relevante para analizar sostenibilidad, excluye la deuda intra sector público y se concentra en la deuda del Tesoro. Allí el descenso es aún más contundente: del 86% del PBI en 2023 al 42% al cierre de 2025.

El contraste con la herencia es brutal. En 2023, la Argentina alcanzó uno de los picos de endeudamiento más altos de su historia reciente, producto de déficit crónico, emisión para financiar gasto y una economía estancada. Ese combo empujó los vencimientos totales a niveles que comprometían cualquier margen de maniobra. Dos años después, el panorama es otro.

Durante el primer año de gestión de Milei ya se había producido una corrección inicial: la deuda total se ubicó en torno al 83% del PBI y la deuda del Tesoro en el 44%. A lo largo de 2025, ambos indicadores siguieron descendiendo, consolidando una tendencia que no se veía desde hace más de una década. El punto clave es que la baja se sostiene en reglas, no en atajos.

Desde Adcap, el Head of Research & Strategy, Federico Filippini, explicó que “entre 2024 y 2025 los pagos de deuda, sumados al crecimiento económico, permitieron reducir el ratio de deuda como porcentaje del PBI”, y anticipó que la dinámica podría continuar si se mantiene el superávit primario. En 2025, ese resultado fue del 1,4% del PBI, incluso por encima de la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional.

Este desempeño permitió al Gobierno cerrar dos años consecutivos con equilibrio en las cuentas públicas, algo que no ocurría desde 2008. En la Argentina, donde el déficit fiscal fue durante décadas la antesala de crisis cambiarias, inflación y defaults, el dato no es menor: menos deuda hoy implica menos ajuste mañana.

La baja del endeudamiento no es solo un logro contable. Cambia expectativas, reduce el riesgo país, mejora el acceso al crédito y libera recursos para la inversión privada. También deja en evidencia una verdad incómoda para el relato estatista: el endeudamiento no era inevitable, era una decisión política.

Durante años se sostuvo que “no había alternativa” al déficit, que el ajuste era imposible y que ordenar las cuentas significaba recesión permanente. Los números muestran otra cosa. Cuando el Estado deja de competir con el sector privado por recursos, la economía respira. Y cuando el crecimiento acompaña al orden fiscal, la deuda deja de ser una bomba de tiempo.

El 42% del PBI no es un punto de llegada definitivo. Es un piso desde el cual construir. Mantenerlo exigirá disciplina, reformas estructurales y resistencia a la tentación de volver al gasto fácil. Pero por primera vez en mucho tiempo, la Argentina muestra que puede salir del ciclo de endeudarse para sobrevivir.

Menos deuda no es solo un dato técnico. Es soberanía fiscal, previsibilidad y una condición básica para cualquier proyecto de desarrollo serio. Y esta vez, los números respaldan el discurso.

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