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espionaje ilegal a Javier Milei por parte de fuerzas federales en 2020
Nacionales · 3 min

La casta sí tenía miedo: el kirchnerismo usó fuerzas federales para espiar ilegalmente a Javier Milei en 2020

Por Redacción Pampa Liberal

Documentación exhibida por el periodista Nicolás Wiñazki muestra accesos ilegales a datos personales de Javier Milei, entonces economista, realizados por Gendarmería y otras fuerzas federales sin orden judicial.

La revelación hecha por el periodista Nicolás Wiñazki expone un hecho gravísimo que desnuda la lógica de poder del kirchnerismo cuando todavía controlaba el Estado: el uso de estructuras oficiales para espiar ilegalmente a un ciudadano que ni siquiera era político. Ese ciudadano era Javier Milei.

Según la documentación exhibida en A24, desde enero de 2020, en plena pandemia y bajo el gobierno de Alberto Fernández con Cristina Kirchner como vicepresidenta, fuerzas federales realizaron consultas ilegales sobre datos personales de Milei. No había causa judicial, no había orden de un juez, no había delito que investigar. Había miedo.

Miedo a un economista que empezaba a crecer en audiencia.
Miedo a una voz incómoda que denunciaba el estatismo, el gasto, la corrupción y la casta política.
Miedo a perder el control del relato.

La base de datos filtrada muestra accesos reiterados a información privada: cuentas bancarias, propiedades, teléfonos, registros sensibles. Todo eso constituye espionaje interno, una práctica expresamente prohibida por la ley argentina. No es una zona gris. Es ilegal. Punto.

Entre los organismos involucrados aparecen Gendarmería Nacional Argentina y la Policía Federal Argentina, utilizadas como herramientas políticas. El Estado convertido en aparato de vigilancia contra un ciudadano que pensaba distinto.

El nombre que sobresale en la operatoria es el de Ariel Zanchetta, ex agente de la Agencia Federal de Inteligencia, hoy procesado en causas de espionaje ilegal masivo. Zanchetta figura como uno de los responsables directos de las consultas y seguimientos. No es un “exceso individual”: es un modus operandi.

El kirchnerismo intentó durante años naturalizar el espionaje político: jueces, periodistas, opositores, empresarios. Carpetazos, aprietes, persecuciones. La novedad de este caso es otra: espiaron a Milei antes de que entrara en política. No era diputado. No era candidato. Era un ciudadano con micrófono. Y eso bastó para convertirlo en objetivo.

Este episodio confirma algo que el poder kirchnerista siempre negó y la evidencia repite: cuando gobiernan, no toleran el disenso. No debaten ideas. No compiten con argumentos. Vigilan, intimidan y usan el Estado como arma.

Por eso la frase cobra sentido pleno: la casta sí tenía miedo. Miedo a que se les terminara la impunidad. Miedo a que alguien expusiera cómo funcionan. Miedo a que el relato no alcanzara para tapar la realidad.

El espionaje ilegal contra Milei no es solo un escándalo del pasado. Es una advertencia institucional. Muestra hasta dónde estuvo dispuesto a llegar un gobierno para proteger su poder. Y explica, también, por qué hoy muchos de los que callaron entonces se rasgan las vestiduras hablando de “democracia”.

La diferencia es clara: antes usaban el Estado para espiar.
Hoy, los hechos salen a la luz.

Y cuando la verdad aparece, el miedo cambia de lado.

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