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Dirigente de La Libertad Avanza en medio de la polémica por fondos partidarios
La Pampa · 4 min

Julio Jamad admite haber recibido aportes partidarios en sus cuentas personales.

Por Redacción Pampa Liberal

El dirigente admitió haber recibido depósitos de seis funcionarios durante dos meses, alegando que fue una medida transitoria mientras se abría la cuenta oficial del partido.

La polémica estalló cuando Victoria Rambur, referente de la 3ª línea en La Libertad Avanza, colocó el foco sobre Julio Jamad, acusándolo de gestionar fondos partidarios a través de su cuenta bancaria personal. Aquella denuncia, viralizada en redes, no solo reavivó las viejas rencillas internas, sino que puso en evidencia una grieta profunda entre las facciones que disputan el poder en la provincia: la línea de Nicolás Boschi frente a la conducción de Ortiz.

Al verse acorralado por el cuestionamiento público, Jamad decidió romper el silencio. En su descargo admitió sin vueltas que, efectivamente, recibió aportes de seis funcionarios en su cuenta personal durante dos meses. Según sus palabras, se trató de una medida “excepcional” y “estrictamente transitoria” para sostener la operatividad de la sede partidaria, mientras se completaba el trámite de apertura de la cuenta oficial del partido. Sin embargo, esa sinceridad vino acompañada de escasos detalles: no se especificaron montos exactos, fechas concretas ni el destino preciso de cada depósito, creando más dudas que certezas.

En lugar de profundizar en esas cifras, Jamad optó por “pasar la pelota” a la cúpula. Tanto en su hilo de Twitter como en reuniones internas, deslizó que la responsabilidad de habilitar la cuenta oficial recae en Ortiz, presidente del partido. “El trámite aún está en curso”, insistió. Esa estrategia de reproche mutuo diluye responsabilidades, pero también deja en evidencia la falta de coordinación en la gestión de recursos: si la cuenta partidaria sigue sin operar, ¿quién asume el retraso y su posible impacto en la transparencia financiera?

Lo que realmente quedó fuera del relato son respuestas clave que la militancia y la opinión pública reclaman con urgencia. ¿Cuál fue el monto total que pasó por las manos de Jamad? ¿Cómo se utilizó ese dinero, más allá de la mantención de la sede? ¿Por qué el trámite de la cuenta oficial demandó más de dos meses, si en la mayoría de los distritos ese proceso es mucho más rápido? Mientras estas preguntas siguen en el aire, la versión oficial corre el riesgo de convertirse en un simple gesto político para apagar fuegos.

Este episodio no es un hecho aislado: forma parte de un tablero más amplio de luchas internas. Julio Jamad, alineado con Nicolás Boschi, queda expuesto ante un sector que avala la gestión de Ortiz como necesario contrapeso a lo que llaman “viejas prácticas clientelares”. En 2023, precisamente, una maniobra similar dejó sin candidato oficial a la lista de Boschi, aduciendo trámites documentales. Aquella experiencia marcó un precedente: cuando los papeles fallan, las acusaciones vuelan y los candidatos se enfrentan a embates mediáticos antes de llegar siquiera a las urnas.

El choque entre estas dos corrientes no solo afecta la imagen de los dirigentes, sino que impacta directamente en la credibilidad del proyecto político. Mientras algunos militan por una política de puertas abiertas y rendición de cuentas, otros parecen caer en las mismas lógicas de opacidad que criticaban. La base de afiliados observa con creciente desconfianza cómo las promesas de transparencia se diluyen en un juego de culpas y contracargos.

En este escenario, la figura de Victoria Rambur cobra aún más protagonismo. Su denuncia inicial no solo puso contra las cuerdas a Jamad, sino que encendió el debate sobre la ética partidaria en general. Si sus acusaciones derivan en la publicación de balances claros y en la normalización de la cuenta oficial, se habrá dado un paso adelante. Pero si quedan en un “asunto interno” que se ventila entre correos y mensajes privados, los mismos cuestionamientos seguirán persiguiendo a la dirigencia henchida de buenos discursos.

La respuesta definitiva a este episodio estará en la rendición de cuentas: entregar al público una auditoría de aportes, mostrar las planillas de transferencias y publicar un calendario de gastos. Solo así se podrá cerrar el capítulo con un acto genuino de transparencia y evitar que la política en La Pampa siga siendo vista como un ring de acusaciones cruzadas.

Por ahora, la admisión de Julio Jamad deja claro algo innegable: la forma importa tanto como el fondo. Reconocer un error es el primer paso, pero sin comprometerse con informar los detalles que todos esperamos, ese reconocimiento se convierte en mero ruido de fondo. La pelota está en la cancha de Ortiz y de la dirigencia central: si quieren devolverle prestigio a la actividad partidaria, deberán demostrar que la honestidad no es solo una consigna, sino una práctica real y cotidiana.

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