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Javier Milei con la motosierra, símbolo del ajuste en las empresas públicas
Nacionales · 3 min

Empresas estatales argentinas logran superávit bajo gestión Milei

Por Redacción Pampa Liberal

El Gobierno redujo un 10% la planta de empleados públicos y bajó un 18% el gasto de capital, revirtiendo un rojo de 70 mil millones de pesos del año anterior.

En Argentina, las empresas estatales han sido históricamente sinónimo de déficit crónico, derroche de recursos y un peso insoportable para las finanzas públicas. Sin embargo, un giro radical se está plasmando en los números oficiales: bajo la gestión del presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, las 32 empresas públicas nacionales cerraron el primer semestre con un superávit de más de 109 mil millones de pesos. Este dato no solo impresiona por revertir un rojo de 70 mil millones del año anterior, sino que demuestra en la práctica la eficacia del liberalismo clásico en la administración estatal.

La estrategia explícita detrás de estos resultados es sencilla pero contundente: menos Estado, gestión eficiente y disciplina fiscal. En vez de engrosar plantillas y perpetuar clientelismos, el Gobierno redujo un 10% la cantidad de empleados en el sector público, una poda ejemplar si se considera que se realizó mayormente a través de acuerdos voluntarios y planes de retiro, evitando conflictos y despidos irresponsables. Esta racionalización fue acompañada por una reducción nominal del 18% en gastos de capital, priorizando el uso eficiente de cada peso público y apuntando a recuperar el equilibrio económico de firmas que antes eran una carga insostenible.

Al analizar las firmas, se observa que algunas históricamente deficitarias como Aerolíneas Argentinas lograron cerrar en positivo por primera vez en años. Otras, que incluso están en la mira para futuras privatizaciones —como Nucleoeléctrica Argentina, Corredores Viales, Intercargo y Correo Argentino— ya comienzan a generar superávits importantes. Así, el matrimonio entre un mercado libre bien regulado y un Estado reducido con buena administración no solo es posible, sino que es indispensable para sacar a la Argentina del pozo.

Este cambio no solo marca un antes y un después en la gestión pública, sino que desmiente la retórica estatista que insiste en que el Estado debe dilapidar recursos sin resultado alguno. Mientras sectores sindicales y políticos aferrados al viejo modelo critican los ajustes, los hechos evidencian que la disciplina fiscal y la profesionalización administrativa son la verdadera política social, porque un Estado endeudado y deficitario solo empobrece más a la sociedad en su conjunto.

Queda claro que el modelo liberal, basado en menos gasto público, menos intervención y más eficiencia, no es una simple teoría sino una solución pragmática y necesaria. Argentina tiene una oportunidad con esta nueva gestión para recuperar su soberanía económica, expandir la libertad individual y construir un federalismo fiscal viable. El superávit en las empresas públicas es solo el primer paso hacia un Estado limitado que acompaña y no entorpece al libre mercado y a la prosperidad de todos los argentinos. Por eso, vale la pena respaldar este camino y exigir que se profundice aún más, porque el futuro de nuestra patria depende de cuánto abracemos la libertad en todas sus dimensiones.

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