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Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, señalado por la deuda con hospitales públicos
Nacionales · 3 min

El contraste que incomoda: Nación sin pauta y Provincia con hospitales endeudados

Por Redacción Pampa Liberal

La deuda incluye a hospitales SAMIC de alta complejidad como El Cruce, Cuenca Alta y el Néstor Kirchner, sostenidos por la Nación para evitar su colapso, según datos oficiales.

El Gobierno nacional volvió a marcar una diferencia de fondo en la forma de gestionar el Estado. Con la prórroga por un año más de la política de Pauta Cero, la administración de Javier Milei ratificó una decisión que va más allá de lo comunicacional: terminar con el uso de fondos públicos para propaganda política y priorizar áreas esenciales como la salud, la seguridad y la reducción del gasto político.

La medida fue anunciada desde Casa Rosada y, lejos de quedar en un gesto simbólico, vino acompañada de un mensaje directo al gobernador bonaerense Axel Kicillof. El planteo fue tan simple como incómodo: mientras la Nación eliminó la pauta oficial, la Provincia de Buenos Aires acumula una deuda millonaria con hospitales públicos que atienden a miles de bonaerenses todos los días.

Según datos oficiales difundidos por el Gobierno, la deuda de la Provincia con los hospitales SAMIC —centros de alta complejidad de gestión compartida— supera actualmente los 507 mil millones de pesos. Se trata de establecimientos clave como El Cruce, Cuenca Alta, René Favaloro, Néstor Kirchner y el Bicentenario, que debieron ser sostenidos casi en su totalidad por el Estado nacional para evitar el colapso del sistema sanitario.

El contraste es evidente. Mientras la Nación decidió cortar de raíz una de las herramientas históricas de disciplinamiento mediático —la pauta oficial—, la Provincia continúa destinando recursos a gastos políticos y comunicacionales, al tiempo que incumple obligaciones básicas en materia de salud. No es una discusión ideológica abstracta: es una cuestión de prioridades.

Desde el Gobierno nacional remarcan que la Pauta Cero responde a una concepción clara del rol del Estado. El dinero de los contribuyentes no debe utilizarse para premiar medios amigos ni para construir relatos, sino para garantizar servicios esenciales. Bajo esa lógica, la eliminación de la pauta no solo fortalece la austeridad fiscal, sino que también mejora la calidad democrática, al reducir la dependencia económica de los medios respecto del poder político.

En cambio, el esquema bonaerense expone una lógica opuesta. Con un presupuesto récord, la Provincia de Buenos Aires sigue acumulando deudas críticas en el área sanitaria, mientras sostiene un aparato de comunicación oficial costoso. El resultado es un sistema de salud tensionado y hospitales que dependen del auxilio nacional para seguir funcionando.

El desafío lanzado desde Casa Rosada no es retórico. Es una invitación concreta a cambiar el orden de prioridades: menos propaganda, más gestión; menos relato, más salud. En un contexto de ajuste del gasto político y orden fiscal, el contraste entre Nación y Provincia se vuelve cada vez más difícil de disimular.

La Pauta Cero no es solo una bandera del Gobierno de Milei. Es una definición política que expone, con números sobre la mesa, quiénes están dispuestos a resignar privilegios y quiénes prefieren seguir financiando el relato, aun cuando eso implique dejar hospitales endeudados. Ese contraste, hoy, es el que más incomoda.

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